El campo de concentración es un mundo en el que las personas viven permanentemente juntas, de día y de noche. La crueldad y la violencia no son más que rasgos secundarios (y no imprescindibles). El campo de concentración es la liquidación total de la vida privada.

-M.Kundera-

EL CRIMEN PERFECTO

"Eppur si muove o E pur si muove" // y sin embargo se mueve

-Galileo Galilei-



Freud en 1923

Freud en 1923 publicó un articulo al que tituló “Sobre algunos casos de delincuentes por sentido de culpabilidad” donde por vez primera formuló la hipótesis de que determinados delincuentes delinquían por culpabilidad es decir buscando activamente el castigo para una falta imaginaria a través de un crimen o delito actual, lo prohibido actuaba como un atractor precisamente por esa promesa de castigo. Concluyó su análisis con la celebre sentencia. “La falta es anterior a la culpa”.

A CERCA DE... "Le désir attrapé par la queue"

"Le désir attrapé par la queue"

"Le désir attrapé par la queue"
En 1941 Picasso escribió este texto dramático clave no sólo por las alusiones a los acontecimientos históricos, sino también por el propio contexto cultural en el que se presentó. La lectura fue realizada en una de las veladas nocturnas en casa de los hermanos Leiris. Albert Camus fue el director y la representación contó con un singular reparto, con Michel Leiris, Raymond Queneau, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y Dora Maar

Foto tomada por Brassaï en 1944 en la apertura del juego de Picasso, el Deseo Cogido por la Cola

Foto tomada por Brassaï en 1944 en la apertura del juego de Picasso, el Deseo Cogido por la Cola
En esta foto, de pie de izquierda a derecha: Jacques Lacan, filósofo y psicoanalista; Cecile Eluard, hija del poeta de surrealista Paul Eluard; Pierre Reverdy, surrealista y poeta cubista; Luoise Leiris, esposa de propietario de galería Michel; Pablo Picasso, artista y dramaturgo; Zanie de Campan, actriz; Valentine Hugo, artista y esposa de bisnieto de Victor Hugo; Simone de Beauvoir, autora y feminista; Brassa ï, fotógrafo; sentados de izquierda a derecha: Jean-Paul Sartre, philosopher and author; Albert Camus, author; Michel Leiris, owner of famous Gallerie Luoise Leiris; Jean Aubier, editor.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Derrida y el psicoanálisis:¿quién es el dueño de la carta robada? // LACAN - DERRIDA

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Derrida y el psicoanálisis:¿quién es el dueño de la carta robada?





(…)


Derrida sostiene que la lengua oral es ya escritura. Esta reversión implica una modificación profunda del concepto de escritura. Su pretendida "derivación" requiere de una condición: que no haya existido nunca el supuesto lenguaje original, natura. Tal lenguaje primario fue, desde siempre, ya escritura. Este es el concepto de la archiescritura, otro nombre de la diferencia, de la que hablaremos más adelante.




* * *




LACAN - DERRIDA



“Aplicando esto a la lingüística del signo, se hace patente que el signo se presenta como una presencia diferida, como una postergación del momento de encuentro con la cosa misma, esa que supuestamente podría, por virtud del signo lingüístico, encontrarse ante quien habla. La diferencia cuestiona este origen, pone en tela de juicio toda posibilidad de encuentro con la cosa, la re-presentación no tendría así un carácter secundario. La diferencia es la que produce las diferencias y no está antes que ellas, es más, nunca está presente. Así se pone en tela de juicio toda idea de origen. Se trata de un desplazamiento indefinido, ya que es el origen el que no es originario. Lo que importa no es el encuentro, sino el eterno desencuentro con la cosa. Aquello que siendo diferido necesita de la repetición diferenciadora. Desencuentro entre lo que pasa la primera vez y la segunda vez (primera vez que nunca tuvo lugar y que es efecto retroactivo del espacio que abre la diferencia misma). Para emplear los términos de Nietzsche, la máscara abre el espacio de la representación y la representación es la realidad misma, no remite a ninguna presencia que estaría detrás.


Por eso Derrida cuestiona la posibilidad de preguntar: ¿qué difiere?, ¿quién difiere? , preguntas que necesitan ser impugnadas por estar habitadas por los supuestos de un qué, o de un quién, anteriores a la diferencia misma. El qué y el quién son productos de esa diferencia.
De este modo, la diferencia nos pone en relación con lo que ignoramos y que excede la alternativa de la presencia y de la ausencia.Es a esa alteridad radical que Freud dio el nombre de Inconsciente.”
 

(…)



" ... el inconsciente no es, como es sabido, una presencia para sí escondida, virtual, potencial... Esta alteridad radical con relación a todo modo posible de presencia se señala en efectos irreductibles de destiempo, de retardamiento. " 1


“En Nietzsche, en Freud, en Levinas, ve Derrida delinearse un cierre del tiempo de la ontología y el inicio de una nueva perspectiva donde la diferencia encontraría un lugar.
De Levinas toma esa magnífica expresión con la que se define el enigma de la alteridad: "un pasado que nunca fue presente", y que para nosotros define el campo mismo del quehacer psicoanalítico.
Por esta vía de los encuentros, Derrida realiza una meticulosa y rigurosa lectura de los textos freudianos. Tal lectura no hubiera sido posible sin el retorno a Freud de Lacan.
La pregunta que atenacea la investigación freudiana es: ¿en qué consiste la memoria? El que pueda dar cuenta de la memoria en todas sus formas
- incluido el olvido - habrá dado cuenta de la realidad psíquica.


(…)


Los sistemas de transcripciones que Freud propone, suponen una escritura primera, un origen. Ese es el límite que Derrida va a cuestionar planteando la inexistencia de tal origen. Se trata de un desplazamiento perpetuo .Siempre nos tenemos que ver con transcripciones, que son al mismo tiempo originales y copias, porque el "verdadero" original, está siempre desplazado.

Freud inventa una primera experiencia real de satisfacción, para dar cuenta de la satisfacción alucinatoria del deseo. Ese grado cero de la escritura y de la memoria, es, en realidad, una experiencia primera y nostálgica que nunca existió. Pero es también un mito teóricamente necesario: un pasado que nunca fue presente, efecto retroactivo de una limitación al goce que procede de la naturaleza misma, pero que el sujeto oscilará luego en atribuir al Otro o a sí mismo. En el campo de la literatura esta situación ha sido reiteradamente trabajada por Rilke, y a esos trabajos Claudio Magris le dedica un excelente ensayo en su libro El anillo de Clarisa. 2 Rilke, el escritor de la nostalgia también se pregunta constantemente: ¿cuándo es el presente? Vivimos constantemente tensionados hacia un pasado mítico, desde un ahora que también será mitificado.


(…)


Entremos ahora por el lado de Lacan. De la gramatología aporta dos referencias implícitas a Lacan aunque su nombre no aparezca. Son los puntos donde Derrida hace referencia a la imposibilidad de la palabra plena. Todos sabemos que este es un tema lacaniano por excelencia , propuesto y ampliamente considerado en el Discurso de Roma (1953), cuando la lingüística sassuriana está más presente para Lacan y es el instrumento que le permite realizar una lectura absolutamente original de la obra de Freud. Sin embargo esta asociación no dura mucho y hace crisis cuando Lacan impugna un concepto fundamental de la lingüística saussuriana, el concepto de significación 3. La separación de Lacan con respecto a los enunciados de de Saussure queda marcada con la acuñación de dos neologismos: la significancia y la lalengua. La significancia, como efecto de significación, trata de sustraerse a lo que Derrida critica como efecto de presencia a través del significado. En cuando a lalengua, Braunstein 4 señala que el equívoco se produce en la aparición de una marca escritural y no fónica, lo que responde estrictamente a la definición de diferencia de Derrida.


¿Son estos cambios una respuesta de Lacan a una interpretación implícita en la lectura derrideana?. Dejemos abierta la pregunta, conformándonos con la mera sugerencia.
Sabemos que Lacan pasará de la propuesta de la palabra plena a la del decir a medias (mi-dire), y a la condición de no toda, que caracterizará en su obra a La mujer (que sólo existe tachándola, es decir igual que la diferencia) y a la verdad. Ambas, La mujer, y la verdad sólo pueden decirse a medias. Estas modificaciones que Lacan introduce en su obra y que nosotros estamos subrayando van en la dirección de los señalamientos de Derrida, movimientos de descompletamiento, de no cierre.


Otro punto de encuentro/desencuentro entre los autores que nos ocupan surge de la cuidadosa lectura que Derrida hace del seminario que Lacan dedicó al cuento de Edgar A. Poe La carta robada.5 El mismo Derrida se ocupa de señalar los puntos polémicos entre él y Lacan respecto de la lectura del texto de Poe, y ubica ocho de ellos. 6 Remitimos al lector al texto íntegro de Derrida, por nuestra parte, nos detendremos en tres puntos que consideramos fundamentales en la controversia.


El primer punto es el del trayecto propio y circular de la carta (de la lettre): si la carta siempre llega a destino -como plantea Lacan- aunque ella sufra un rodeo, significa que la carta, que la letra (carta y letra son homónimas en francés), tiene un destino propio. Esto dejaría abierta la posibilidad de un encuentro, en algún momento, del significante y del significado, cuestión en la que ya hemos abundado al abordar el problema del signo, y en la que Derrida plantea explícitamente su desacuerdo con Lacan. ¿A quién pertenece la carta? Hay un texto fascinante de Derrida que se titula Envois , 7 texto del que Derrida dice que no sabe si es legible. Se trata de tarjetas postales enviadas entre el 3 de junio de 1977 y el 30 de agosto de 1979. Hay un yo que escribe y un tú destinatario, sin edad, sin sexo definido, a veces hombre, a veces mujer, en esa carta abierta que es una postal. Este divertimento puede ser pensado como una respuesta lúdica de Derrida a Lacan en torno al tema de la carta. Lacan es indudablemente uno de los destinatarios, uno entre todos, pues quien quiera puede serlo. Sin embargo, a la luz de esta conversación secreta, el texto produce, a cada giro, efectos caleidoscópicos. Derrida analiza allí innumerables situaciones críticas sobre la cuestión de la carta, desde la tarjeta postal, pasando por el análisis de la historia de la reina Esther, tema de la festividad de Purim en la tradición judía que, incluye como en el cuento de Poe, un rey, una reina, un ministro y el uso del sello real. Después, se detiene en el análisis de las cartas de Platón, trece cartas de autenticidad dudosa en distintos grados, para hacer aún más compleja y variada la gama de posibilidades: ¿ de quién es o a quién está dirigida, una carta de autenticidad dudosa?. Por nuestra parte, podríamos agregar el ejemplo de las cartas a Milena de Kafka: la recopilación de estas cartas incluye referencias de una carta de Milena a Kafka, de cuyo contenido éste nunca llega a enterarse, ya que Milena le pide, encarecidamente a Kafka que se la devuelva sin leerla. La pregunta sobre la pertenencia de la carta sigue abierta.


Contextualicemos el momento en que Lacan dicta el seminario consagrado a La carta robada. El se propone como el auténtico heredero de la letra freudiana frente a la princesa Marie Bonaparte. De allí la necesidad de sostener que la carta siempre llega a destino, que la carta forja el destino, ese es el designio de Lacan.Para Derrida el significante nunca se encuentra con el significado, y por eso nadie puede pretender cerrar la significación en algún punto, por importante que éste sea. De éste modo, el cuento de Poe sigue abierto a la diseminación y no remite a ninguna verdad.


El segundo tema problemático que separa la lectura que estos dos autores hacen del cuento de Poe es consecuencia del anterior. Se trata de la verdad como develamiento. Esta conceptualización, cercana al pensamiento de Heidegger, permite a Derrida señalar que no alcanza con querer superar la metafísica para lograrlo. Heidegger, llevando la metafísica hasta sus límites, queda en el campo de la ontología - y su conceptualización de la verdad es una de las razones de que no pueda trascenderlo-, a diferencia de Nietzsche, a quien dice seguir. Para Nietzsche no hay verdad con mayúscula, ni tampoco significante alguno, que sea trascendente. Así nos vemos llevados al siguiente tema.


El tercer punto que nos interesa subrayar en la polémica tiene que ver con la posición trascendental del falo, punto donde, paradójicamente, la interpretación de Lacan coincide con la de la princesa Marie Bonaparte. Los dos psicoanalistas remiten al falo, al pene faltante de la madre. Sobre este punto Derrida objeta que no hay posibilidad de falocentrismo sin falocratismo, que la diferencia no es una simple distinción, ya que implica siempre una jerarquización. 8


Pero así como hemos señalado el alejamiento de Lacan de la lingüística saussuriana, vale también la pena subrayar el camino que va, en la producción lacaniana, desde La significación del falo (1958) 9 e ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina (1960) 10 hasta el Seminario XX Encore 11 donde Lacan plantea las fórmulas de la sexuación y propone, además del goce fálico, la existencia otro goce, el goce del Otro, goce femenino, entendido éste como suplementario. El falocentrismo sigue siendo eje en la teoría, sin embargo, el goce fálico ya no es único.


Lacan da cuenta del goce femenino llamándolo goce suplementario. Esta palabra conlleva evocaciones que no creemos gratuitas. Cuando Derrida analiza en De la gramatología el ensayo de Rousseau sobre El origen de las lenguas, subraya, con especial énfasis, la categoría de suplemento Si para Rousseau la escritura es un suplemento del habla, señalando así el carácter secundario de la misma, Derrida se detiene en la multivocidad del término, ya que también se suple lo que no hay, lo que falta. Es en ese sentido que Derrida plantea la necesidad de una nueva lógica del suplemento.


¿Será el goce femenino, el goce suplementario, la respuesta lacaniana a ésta nueva puntualización de Derrida? El goce femenino que se caracteriza porque no puede decirse y que, sin embargo, puede escribirse, marca escritural, entonces, y no fónica, con lo que responde a la definición misma de la diferencia.
A esta altura de nuestra exposición podemos afirmar que el recorrido lacaniano va desde un asunto de lenguaje en "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis" a un asunto de escritura en "La instancia de la letra en el inconsciente" (1957) (trabajo del que Lacan se ocupa de aclarar que es "anterior a toda Gramatología"). A partir de entonces la reflexión de Lacan no deja de ocuparse de la escritura. Como ejemplo, valga recordar el Seminario XX, Encore, donde, además de formular la propuesta del goce femenino, Lacan define a lo Real como "aquello que no cesa de no escribirse" y a lo Simbólico como "aquello que no cesa de escribirse". Más adelante aún, podríamos llegar hasta el seminario consagrado a Joyce donde, justamente, Lacan plantea la posibilidad de estabilización y de suplencia del Nombre-del-Padre en la psicosis a través de la escritura.


Hemos seguido el recorrido de Derrida mostrando como el encuentro con la obra de Freud le ha permitido proponer nuevas hipótesis y articulaciones. Hemos señalado los puntos críticos de su relación con Lacan y la manera en que Lacan ha ido modificando posiciones en un acercamiento cada vez mayor a las posturas de Derrida. Vimos que Derrida plantea en De la gramatología la imposibilidad de la primacía del significante y de la palabra plena, posiciones que Lacan se ve llevado a abandonar. En "El cartero de la verdad", Derrida apunta a la imposibilidad de un destino preestablecido que permitiría esperar el encuentro armónico del significante y el significado. Lacan define más adelante al S (el sujeto), tachandolo y en fading entre un S1 impronunciable y un S2 que viene a representarlo. ¿Será demasiado arriesgado afirmar que esta definición tiene que ver con la diferencia: el sujeto como efecto de la repetición entre un primer tiempo irrecuperable y un segundo tiempo que vendrá a representarlo?. Más adelante, en las fórmulas de la sexuación, el goce fálico ya no reina como único, sino que Lacan reconoce la posibilidad de otro goce, el goce suplementario de la sexualidad femenina ¿Concluiremos por eso que ambos están diciendo lo mismo o que Lacan se ha vuelto derridiano? (como lo sugiere Derrida en Pour l'amour de Lacan ). O, como proponen algunos supuestos defensores de Lacan, que la crítica de Derrida no tiene cabida porque lo que Lacan quería decir es lo que Derrida dijo.


No creo que ninguna de esas sea la respuesta, ya que lo que hacemos es asimilar a uno y a otro. Más bien sería necesario conservar la diferencia y los efectos de fecundación recíproca que están en juego en esta particular intertextualidad.
Pasemos, para terminar, a otra anécdota de desencuentro relatada por el mismo Derrida: Lacan habría dicho a René Girard en Baltimore. 12 " Sí, sí, pero la diferencia entre él (Derrida) y yo es que él no tiene que ver con gente que sufre", Derrida considera muy imprudente esta expresión referida a algo de lo que Lacan no podía saber, ni en cuanto al sufrimiento de las personas con las que tenía que ver , ni en cuanto a la transferencia. En otras palabras, que Derrida le negaba así el lugar que Lacan pretendía arrogarse de Sujeto Supuesto Saber.
También aquí Derrida tiene razón: todo el que tiene que ver con la escritura tiene que ver con el sufrimiento, porque la escritura es enfrentamiento con la muerte, y tiene también que ver con la transferencia, en la medida que su lugar es el sostén de múltiples transferencias. Y, sin embargo, también Lacan tiene razón. Porque lo que, a nuestro entender, marca un hiato, una diferencia radical en sus prácticas, es que el psicoanalista debe hacerse cargo del problema de la psicosis.


Si en el campo de la literatura la lectura en abismo abre al infinito la posibilidad de otras lecturas, ¿qué pasa cuando en el sujeto falta ese tapón que pueda poner límite al deslizamiento infinito de los significantes? Tal situación es la experiencia misma de la locura.
Ese papel de tapón para el incesante desplazamiento significante en la locura es cumplido, en la enseñanza de Lacan, por el significante del nombre del padre que debe reemplazar al deseo de la madre en la metáfora paterna . Cuando esta función falla, y se desencadena la psicosis, es a la metáfora delirante a la que corresponde la función de tapar, de frenar el escurrirse de los significantes, y premitir así un proceso de restauración, de estabilización de alguna realidad, por personal que sea.


Esta diferencia, que en Derrida la diseminación es infiníta y en Lacan se repiten los modelos que buscan un punto de estabilización, puede ser rastreada en distintos momentos de la obra de Lacan. Para mencionar algunos: en el Seminario XI 13 Lacan propone el modelo de la nasa, ese artefacto para pescar con una abertura en la que coloca al objeto a, cacho de real que posibilita la pulsación temporal del inconsciente; y cuando más adelante, nos encontramos con la fórmula del fantasma S a, el objeto a viene también a obturar el más allá de la nada y produce así el umbral de lo representable.


Quisiera pues, para terminar, dejar planteada la hipótesis que, la principal diferencia que queda en pie en este campo cultivado por Lacan y Derrida, es la elaboración lacaniana del objeto a, perdida necesaria para que haya sujeto. Por ello el campo de la psicosis es el lugar de las diferencias, y de la diferencia.
La relación de Lacan con Derrida amerita, en su complejidad, un estudio detallado de lo que aquí queda solamente esbozado.


Muchas preguntas permanecen pendientes: ¿es que la deconstrucción y la recurrencia a la diferencia permiten a la filosofía salir del campo de la metafísica? ¿O al igual que Heidegger , de quien Derrida dice que queda dentro del campo de la ontología que pretende superar, él también permanece en la misma disyuntiva?, ¿Será una disyuntiva insoslayable?


En una reciente entrevista periodística14 , Derrida sostiene que la deconstrucción es la experiencia de lo imposible. Si bien son distintas prácticas las que incursionan por el límite de lo imposible, no podemos dejar de tener en cuenta que tanto Lacan como Freud definieron al psicoanálisis como la práctica de lo imposible.
¿Derrida psicoanalista? ¿Un Derrida lacaniano?”


Mayo 1994.







Pies de página:

1 Derrida J.: La differance. op. cit. p. 55.
2 Magris C.: El anillo de Clarisa. Península. Barcelona
3 Braunstein N. hace un cuidadoso seguimiento de éste recorrido en Lingüistería, en El lenguaje y el inconsciente freudiano. Siglo XXI. México 1982. p.161.
3 Braunstein N.: Lingüistería. op. cit. p. 215/16
5 Derrida J.: El cartero de la verdad, en La tarjeta postal. De Freud a Lacan y más allá. Siglo XXI. México, 1986.
6 Derrida J.: Pou l'amour de Lacan. op. cit p. 411.
7 Derrida J¨: Envois, dans La carte postale de Socrate à Freud et au- delá. Flammarion. Oaris, 1980.
8 Este es el punto por donde los movimientos feministas se han servido de los planteos de Derrida. Ello no significa que ubiquemos a Derrida como feminista.
9 Lacan J.: Escritos. Siglo XXI. México, 1984 . p.665.
10 Lacan J. Escritos. op. cit.p. 704
11 Lacan J. : Le seminaire Livre XX Encore.Seuil. Paris, 1975
12 Derrida J.: Pour l'amour de Lacan. op. cit. p. 418
13 Lacan J..: Le seminaire. Livre XI. Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse.Seuil. Paris, 1973, p.131.
14 Mitchel S.: The New York Times Magazine, January 23, 1994.




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“La Carta Robada”, “La Palabra Soplada” 

Y “La Diferencia”











“Pareciera que de algo similar se trató en el coloquio en el que, queriendo mostrar Major las cercanías entre Lacan y Derrida, y queriendo hablar Derrida de su “amor difícil” a Lacan, algunos consideraron que la posesión de la carta estaba en peligro, y trataron de “desviarla”. Esfuerzo inútil, porque las cartas —ya lo señaló Derrida— no siempre tienen destinatario.”




¿Por qué dirá Lacan que el mensaje siempre llega a su destino? ¿Por qué dirá Derrida que no llegará? ¿Quién o qué sería ese destinatario?


Me parece que ese destinatario del que habla Derrida, no es el mismo del que habla Lacan. El origen, si existe, no es como principio de… sino como causa de….


La ausencia y la presencia, no se realizan como tales más que a través del lenguaje, es el lenguaje el que los “realiza”. El destinatario y el emisor, están presentes y ausentes a la vez ya que no es aprehensible ningún presente o ningún ausente más allá del lenguaje. El mensaje siempre llega porque emitirlo es el fin. Lo que percibe el que escucha, siempre será distinto, y el que escucha, tampoco es el mismo yo que habla: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha.” -Lacan-


“…Para Derrida el significante nunca se encuentra con el significado, y por eso nadie puede pretender cerrar la significación en algún punto, por importante que éste sea. De éste modo, el cuento de Poe sigue abierto a la diseminación y no remite a ninguna verdad. …”






Derrida plantea que no hay encuentro entre significado y significante, dentro del texto donde establece la diferencia; el no encuentro de Lacan es que no hay identidad de partida ni de llegada; no es porque no llegue que no llega, sino que “el sujeto se estructura como un lenguaje”, quiere decir que hay sujeto porque hay lenguaje. Que "La instancia de la letra en el inconsciente" (1957) (trabajo del que Lacan se ocupa de aclarar que es "anterior a toda Gramatología"), concede al significado respecto al significante, la misma barrera de impermeabilidad en todas las formas del lenguaje: texto, discurso, sueños, son todos ellos manifestaciones de un psiquismo. Los lapsus y las “imprecisiones del error” son impecablemente realizaciones finalizadas de ese psiquismo. El lenguaje, que es la representación parcial de algo imposible de ser representado en su totalidad, no puede ser completo, es lo que Lacan nombra como que “no se puede decir todo” y eso es una condición. Lacan define a lo Real como "aquello que no cesa de no escribirse" y a lo Simbólico como "aquello que no cesa de escribirse". Lo Real es indecible. Y lo simbólico es la manera de decirse de lo Real.



¿Por qué dice Derrida que el original está siempre desplazado y que por estarlo no hay original? Si no hay lenguaje, no hay sujeto, es ese desplazamiento el que permite que haya sujeto:



“Esta diferencia, que en Derrida la diseminación es infiníta y en Lacan se repiten los modelos que buscan un punto de estabilización, puede ser rastreada en distintos momentos de la obra de Lacan. Para mencionar algunos: en el Seminario XI Lacan propone el modelo de la nasa, ese artefacto para pescar con una abertura en la que coloca al objeto a, cacho de real que posibilita la pulsación temporal del inconsciente; y cuando más adelante, nos encontramos con la fórmula del fantasma S a, el objeto a viene también a obturar el más allá de la nada y produce así el umbral de lo representable.”



No hay una eterna diseminación del sentido ya que no habría sentido si no hubiese puntuación, y eso produce temporalidad.



“La Carta Robada”, “La Palabra Soplada” y “La Diferencia”, son tres posturas que aluden a un algo que no está, que se pierde, que se da diferido y teorizado de tres maneras muy distintas en algunos puntos y no tanto en otros.




“Cuando escribo sólo existe lo que escribo. Aquello que he sentido como diferente, que no he podido decir y que se me ha escapado, son ideas o un verbo robado, y que destruiré para reemplazarlo por otra cosa.”

-Rodez, abril 1946 -


“... Sea cual sea el sentido hacia el que te vuelvas, todavía no has comenzado a pensar.”

-El arte y la muerte-




autoretrato de 1915





En el texto anterior donde Derrida y Lacan parecen no estar de acuerdo respecto a que la escritura y la labor clínica establecieran cierta manera de jerarquía, se dice que ambos, que cualquier escritura, es por sí misma una forma de relación con la muerte.
Blanchot lo define hablando de Antonín Artaud, como el «escándalo de un pensamiento separado de la vida»; las palabras separadas del cuerpo que Artaud quiere hacer brotar de su cuerpo y siente como un robo de todo su cuerpo; una falta que Lacan enuncia como punto de partida pero que adquiere a través del otro su personal manera de apropiarse de lo que Artaud siente como en constante estado de sustracción.



Todos dicen sobre lo mismo, si se trata de adentrarse en el acto de la escritura. Lacan aborda una ciencia que tiene un campo delimitado y de ello consigue su magnitud. Derrida aborda el campo de la lingüística, de los signos y no se queda al margen de ese mismo retorno a Freud de Lacan. Artaud, que en principio podría parecer el más alejado, se lanza con la función poética a resolver sus propios y ajenos asuntos no resueltos.



No hay nada más ajeno ni más propio que las palabras. Todos los discursos, (imágenes, jeroglíficos, fotografía, silencios, las construcciones de los sueños, lo que aparece en el pensamiento en forma de imagen, de palabra o de olor, color), están articulados en el ser humano mediante la misma estructura que les impone desplazamiento y condensación para poder existir, para poder ser representantes de lo humano. En otro texto de Derrida: ENVÍO, éste habla de la traducibilidad, de qué es lo que hay de común en todas las formas de representación en diferentes contextos, en diferentes campos y en distintos idiomas. No podría ser lo diferente ni lo común lo que hiciese posible que el acto de representar, permitiese, no ya la comunicación y mucho menos la identidad del mensaje, sino aquello que le es propio a la poesía y que consiste en el imaginario universal. Siendo, como lo es, lo imaginario algo particular, tiene que ser otra cosa lo que valide la representación, incluso como tantean otros autores además como lo capaz de poner en relación todas esas subjetividades.



“La hipótesis de la lengua muerta me sirve solamente de revelador. Aquélla exhibe una situación en la que un contexto no llega nunca a ser saturable para la determinación o la identificación de un sentido. Ahora bien, a este respecto la llamada lengua viva está estructuralmente en la misma situación. (…) esas dos condiciones me parecen en todo caso tan problemáticas para una lengua viva como para una lengua muerta.” – Jacques Derrida-  




Esa “misma situación” no puede ser otra más que el desplazamiento condición para hablar en todas y cada una de las maneras del lenguaje.


“Sistema de representates” o cadena de significantes: «El sujeto -dice Lacan- es aquello que el significante representa (...) para otro significante». «Posiciones del inconsciente».


Ser hablados, es ser representados en lo que decimos, pero no somos lo que decimos.




Pilar García Puerta, 20 de diciembre de 2010






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