El campo de concentración es un mundo en el que las personas viven permanentemente juntas, de día y de noche. La crueldad y la violencia no son más que rasgos secundarios (y no imprescindibles). El campo de concentración es la liquidación total de la vida privada.

-M.Kundera-

EL CRIMEN PERFECTO

"Eppur si muove o E pur si muove" // y sin embargo se mueve

-Galileo Galilei-



Freud en 1923

Freud en 1923 publicó un articulo al que tituló “Sobre algunos casos de delincuentes por sentido de culpabilidad” donde por vez primera formuló la hipótesis de que determinados delincuentes delinquían por culpabilidad es decir buscando activamente el castigo para una falta imaginaria a través de un crimen o delito actual, lo prohibido actuaba como un atractor precisamente por esa promesa de castigo. Concluyó su análisis con la celebre sentencia. “La falta es anterior a la culpa”.

A CERCA DE... "Le désir attrapé par la queue"

"Le désir attrapé par la queue"

"Le désir attrapé par la queue"
En 1941 Picasso escribió este texto dramático clave no sólo por las alusiones a los acontecimientos históricos, sino también por el propio contexto cultural en el que se presentó. La lectura fue realizada en una de las veladas nocturnas en casa de los hermanos Leiris. Albert Camus fue el director y la representación contó con un singular reparto, con Michel Leiris, Raymond Queneau, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre y Dora Maar

Foto tomada por Brassaï en 1944 en la apertura del juego de Picasso, el Deseo Cogido por la Cola

Foto tomada por Brassaï en 1944 en la apertura del juego de Picasso, el Deseo Cogido por la Cola
En esta foto, de pie de izquierda a derecha: Jacques Lacan, filósofo y psicoanalista; Cecile Eluard, hija del poeta de surrealista Paul Eluard; Pierre Reverdy, surrealista y poeta cubista; Luoise Leiris, esposa de propietario de galería Michel; Pablo Picasso, artista y dramaturgo; Zanie de Campan, actriz; Valentine Hugo, artista y esposa de bisnieto de Victor Hugo; Simone de Beauvoir, autora y feminista; Brassa ï, fotógrafo; sentados de izquierda a derecha: Jean-Paul Sartre, philosopher and author; Albert Camus, author; Michel Leiris, owner of famous Gallerie Luoise Leiris; Jean Aubier, editor.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Derrida y el psicoanálisis:¿quién es el dueño de la carta robada? // LACAN - DERRIDA

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Derrida y el psicoanálisis:¿quién es el dueño de la carta robada?





(…)


Derrida sostiene que la lengua oral es ya escritura. Esta reversión implica una modificación profunda del concepto de escritura. Su pretendida "derivación" requiere de una condición: que no haya existido nunca el supuesto lenguaje original, natura. Tal lenguaje primario fue, desde siempre, ya escritura. Este es el concepto de la archiescritura, otro nombre de la diferencia, de la que hablaremos más adelante.




* * *




LACAN - DERRIDA



“Aplicando esto a la lingüística del signo, se hace patente que el signo se presenta como una presencia diferida, como una postergación del momento de encuentro con la cosa misma, esa que supuestamente podría, por virtud del signo lingüístico, encontrarse ante quien habla. La diferencia cuestiona este origen, pone en tela de juicio toda posibilidad de encuentro con la cosa, la re-presentación no tendría así un carácter secundario. La diferencia es la que produce las diferencias y no está antes que ellas, es más, nunca está presente. Así se pone en tela de juicio toda idea de origen. Se trata de un desplazamiento indefinido, ya que es el origen el que no es originario. Lo que importa no es el encuentro, sino el eterno desencuentro con la cosa. Aquello que siendo diferido necesita de la repetición diferenciadora. Desencuentro entre lo que pasa la primera vez y la segunda vez (primera vez que nunca tuvo lugar y que es efecto retroactivo del espacio que abre la diferencia misma). Para emplear los términos de Nietzsche, la máscara abre el espacio de la representación y la representación es la realidad misma, no remite a ninguna presencia que estaría detrás.


Por eso Derrida cuestiona la posibilidad de preguntar: ¿qué difiere?, ¿quién difiere? , preguntas que necesitan ser impugnadas por estar habitadas por los supuestos de un qué, o de un quién, anteriores a la diferencia misma. El qué y el quién son productos de esa diferencia.
De este modo, la diferencia nos pone en relación con lo que ignoramos y que excede la alternativa de la presencia y de la ausencia.Es a esa alteridad radical que Freud dio el nombre de Inconsciente.”
 

(…)



" ... el inconsciente no es, como es sabido, una presencia para sí escondida, virtual, potencial... Esta alteridad radical con relación a todo modo posible de presencia se señala en efectos irreductibles de destiempo, de retardamiento. " 1


“En Nietzsche, en Freud, en Levinas, ve Derrida delinearse un cierre del tiempo de la ontología y el inicio de una nueva perspectiva donde la diferencia encontraría un lugar.
De Levinas toma esa magnífica expresión con la que se define el enigma de la alteridad: "un pasado que nunca fue presente", y que para nosotros define el campo mismo del quehacer psicoanalítico.
Por esta vía de los encuentros, Derrida realiza una meticulosa y rigurosa lectura de los textos freudianos. Tal lectura no hubiera sido posible sin el retorno a Freud de Lacan.
La pregunta que atenacea la investigación freudiana es: ¿en qué consiste la memoria? El que pueda dar cuenta de la memoria en todas sus formas
- incluido el olvido - habrá dado cuenta de la realidad psíquica.


(…)


Los sistemas de transcripciones que Freud propone, suponen una escritura primera, un origen. Ese es el límite que Derrida va a cuestionar planteando la inexistencia de tal origen. Se trata de un desplazamiento perpetuo .Siempre nos tenemos que ver con transcripciones, que son al mismo tiempo originales y copias, porque el "verdadero" original, está siempre desplazado.

Freud inventa una primera experiencia real de satisfacción, para dar cuenta de la satisfacción alucinatoria del deseo. Ese grado cero de la escritura y de la memoria, es, en realidad, una experiencia primera y nostálgica que nunca existió. Pero es también un mito teóricamente necesario: un pasado que nunca fue presente, efecto retroactivo de una limitación al goce que procede de la naturaleza misma, pero que el sujeto oscilará luego en atribuir al Otro o a sí mismo. En el campo de la literatura esta situación ha sido reiteradamente trabajada por Rilke, y a esos trabajos Claudio Magris le dedica un excelente ensayo en su libro El anillo de Clarisa. 2 Rilke, el escritor de la nostalgia también se pregunta constantemente: ¿cuándo es el presente? Vivimos constantemente tensionados hacia un pasado mítico, desde un ahora que también será mitificado.


(…)


Entremos ahora por el lado de Lacan. De la gramatología aporta dos referencias implícitas a Lacan aunque su nombre no aparezca. Son los puntos donde Derrida hace referencia a la imposibilidad de la palabra plena. Todos sabemos que este es un tema lacaniano por excelencia , propuesto y ampliamente considerado en el Discurso de Roma (1953), cuando la lingüística sassuriana está más presente para Lacan y es el instrumento que le permite realizar una lectura absolutamente original de la obra de Freud. Sin embargo esta asociación no dura mucho y hace crisis cuando Lacan impugna un concepto fundamental de la lingüística saussuriana, el concepto de significación 3. La separación de Lacan con respecto a los enunciados de de Saussure queda marcada con la acuñación de dos neologismos: la significancia y la lalengua. La significancia, como efecto de significación, trata de sustraerse a lo que Derrida critica como efecto de presencia a través del significado. En cuando a lalengua, Braunstein 4 señala que el equívoco se produce en la aparición de una marca escritural y no fónica, lo que responde estrictamente a la definición de diferencia de Derrida.


¿Son estos cambios una respuesta de Lacan a una interpretación implícita en la lectura derrideana?. Dejemos abierta la pregunta, conformándonos con la mera sugerencia.
Sabemos que Lacan pasará de la propuesta de la palabra plena a la del decir a medias (mi-dire), y a la condición de no toda, que caracterizará en su obra a La mujer (que sólo existe tachándola, es decir igual que la diferencia) y a la verdad. Ambas, La mujer, y la verdad sólo pueden decirse a medias. Estas modificaciones que Lacan introduce en su obra y que nosotros estamos subrayando van en la dirección de los señalamientos de Derrida, movimientos de descompletamiento, de no cierre.


Otro punto de encuentro/desencuentro entre los autores que nos ocupan surge de la cuidadosa lectura que Derrida hace del seminario que Lacan dedicó al cuento de Edgar A. Poe La carta robada.5 El mismo Derrida se ocupa de señalar los puntos polémicos entre él y Lacan respecto de la lectura del texto de Poe, y ubica ocho de ellos. 6 Remitimos al lector al texto íntegro de Derrida, por nuestra parte, nos detendremos en tres puntos que consideramos fundamentales en la controversia.


El primer punto es el del trayecto propio y circular de la carta (de la lettre): si la carta siempre llega a destino -como plantea Lacan- aunque ella sufra un rodeo, significa que la carta, que la letra (carta y letra son homónimas en francés), tiene un destino propio. Esto dejaría abierta la posibilidad de un encuentro, en algún momento, del significante y del significado, cuestión en la que ya hemos abundado al abordar el problema del signo, y en la que Derrida plantea explícitamente su desacuerdo con Lacan. ¿A quién pertenece la carta? Hay un texto fascinante de Derrida que se titula Envois , 7 texto del que Derrida dice que no sabe si es legible. Se trata de tarjetas postales enviadas entre el 3 de junio de 1977 y el 30 de agosto de 1979. Hay un yo que escribe y un tú destinatario, sin edad, sin sexo definido, a veces hombre, a veces mujer, en esa carta abierta que es una postal. Este divertimento puede ser pensado como una respuesta lúdica de Derrida a Lacan en torno al tema de la carta. Lacan es indudablemente uno de los destinatarios, uno entre todos, pues quien quiera puede serlo. Sin embargo, a la luz de esta conversación secreta, el texto produce, a cada giro, efectos caleidoscópicos. Derrida analiza allí innumerables situaciones críticas sobre la cuestión de la carta, desde la tarjeta postal, pasando por el análisis de la historia de la reina Esther, tema de la festividad de Purim en la tradición judía que, incluye como en el cuento de Poe, un rey, una reina, un ministro y el uso del sello real. Después, se detiene en el análisis de las cartas de Platón, trece cartas de autenticidad dudosa en distintos grados, para hacer aún más compleja y variada la gama de posibilidades: ¿ de quién es o a quién está dirigida, una carta de autenticidad dudosa?. Por nuestra parte, podríamos agregar el ejemplo de las cartas a Milena de Kafka: la recopilación de estas cartas incluye referencias de una carta de Milena a Kafka, de cuyo contenido éste nunca llega a enterarse, ya que Milena le pide, encarecidamente a Kafka que se la devuelva sin leerla. La pregunta sobre la pertenencia de la carta sigue abierta.


Contextualicemos el momento en que Lacan dicta el seminario consagrado a La carta robada. El se propone como el auténtico heredero de la letra freudiana frente a la princesa Marie Bonaparte. De allí la necesidad de sostener que la carta siempre llega a destino, que la carta forja el destino, ese es el designio de Lacan.Para Derrida el significante nunca se encuentra con el significado, y por eso nadie puede pretender cerrar la significación en algún punto, por importante que éste sea. De éste modo, el cuento de Poe sigue abierto a la diseminación y no remite a ninguna verdad.


El segundo tema problemático que separa la lectura que estos dos autores hacen del cuento de Poe es consecuencia del anterior. Se trata de la verdad como develamiento. Esta conceptualización, cercana al pensamiento de Heidegger, permite a Derrida señalar que no alcanza con querer superar la metafísica para lograrlo. Heidegger, llevando la metafísica hasta sus límites, queda en el campo de la ontología - y su conceptualización de la verdad es una de las razones de que no pueda trascenderlo-, a diferencia de Nietzsche, a quien dice seguir. Para Nietzsche no hay verdad con mayúscula, ni tampoco significante alguno, que sea trascendente. Así nos vemos llevados al siguiente tema.


El tercer punto que nos interesa subrayar en la polémica tiene que ver con la posición trascendental del falo, punto donde, paradójicamente, la interpretación de Lacan coincide con la de la princesa Marie Bonaparte. Los dos psicoanalistas remiten al falo, al pene faltante de la madre. Sobre este punto Derrida objeta que no hay posibilidad de falocentrismo sin falocratismo, que la diferencia no es una simple distinción, ya que implica siempre una jerarquización. 8


Pero así como hemos señalado el alejamiento de Lacan de la lingüística saussuriana, vale también la pena subrayar el camino que va, en la producción lacaniana, desde La significación del falo (1958) 9 e ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina (1960) 10 hasta el Seminario XX Encore 11 donde Lacan plantea las fórmulas de la sexuación y propone, además del goce fálico, la existencia otro goce, el goce del Otro, goce femenino, entendido éste como suplementario. El falocentrismo sigue siendo eje en la teoría, sin embargo, el goce fálico ya no es único.


Lacan da cuenta del goce femenino llamándolo goce suplementario. Esta palabra conlleva evocaciones que no creemos gratuitas. Cuando Derrida analiza en De la gramatología el ensayo de Rousseau sobre El origen de las lenguas, subraya, con especial énfasis, la categoría de suplemento Si para Rousseau la escritura es un suplemento del habla, señalando así el carácter secundario de la misma, Derrida se detiene en la multivocidad del término, ya que también se suple lo que no hay, lo que falta. Es en ese sentido que Derrida plantea la necesidad de una nueva lógica del suplemento.


¿Será el goce femenino, el goce suplementario, la respuesta lacaniana a ésta nueva puntualización de Derrida? El goce femenino que se caracteriza porque no puede decirse y que, sin embargo, puede escribirse, marca escritural, entonces, y no fónica, con lo que responde a la definición misma de la diferencia.
A esta altura de nuestra exposición podemos afirmar que el recorrido lacaniano va desde un asunto de lenguaje en "Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis" a un asunto de escritura en "La instancia de la letra en el inconsciente" (1957) (trabajo del que Lacan se ocupa de aclarar que es "anterior a toda Gramatología"). A partir de entonces la reflexión de Lacan no deja de ocuparse de la escritura. Como ejemplo, valga recordar el Seminario XX, Encore, donde, además de formular la propuesta del goce femenino, Lacan define a lo Real como "aquello que no cesa de no escribirse" y a lo Simbólico como "aquello que no cesa de escribirse". Más adelante aún, podríamos llegar hasta el seminario consagrado a Joyce donde, justamente, Lacan plantea la posibilidad de estabilización y de suplencia del Nombre-del-Padre en la psicosis a través de la escritura.


Hemos seguido el recorrido de Derrida mostrando como el encuentro con la obra de Freud le ha permitido proponer nuevas hipótesis y articulaciones. Hemos señalado los puntos críticos de su relación con Lacan y la manera en que Lacan ha ido modificando posiciones en un acercamiento cada vez mayor a las posturas de Derrida. Vimos que Derrida plantea en De la gramatología la imposibilidad de la primacía del significante y de la palabra plena, posiciones que Lacan se ve llevado a abandonar. En "El cartero de la verdad", Derrida apunta a la imposibilidad de un destino preestablecido que permitiría esperar el encuentro armónico del significante y el significado. Lacan define más adelante al S (el sujeto), tachandolo y en fading entre un S1 impronunciable y un S2 que viene a representarlo. ¿Será demasiado arriesgado afirmar que esta definición tiene que ver con la diferencia: el sujeto como efecto de la repetición entre un primer tiempo irrecuperable y un segundo tiempo que vendrá a representarlo?. Más adelante, en las fórmulas de la sexuación, el goce fálico ya no reina como único, sino que Lacan reconoce la posibilidad de otro goce, el goce suplementario de la sexualidad femenina ¿Concluiremos por eso que ambos están diciendo lo mismo o que Lacan se ha vuelto derridiano? (como lo sugiere Derrida en Pour l'amour de Lacan ). O, como proponen algunos supuestos defensores de Lacan, que la crítica de Derrida no tiene cabida porque lo que Lacan quería decir es lo que Derrida dijo.


No creo que ninguna de esas sea la respuesta, ya que lo que hacemos es asimilar a uno y a otro. Más bien sería necesario conservar la diferencia y los efectos de fecundación recíproca que están en juego en esta particular intertextualidad.
Pasemos, para terminar, a otra anécdota de desencuentro relatada por el mismo Derrida: Lacan habría dicho a René Girard en Baltimore. 12 " Sí, sí, pero la diferencia entre él (Derrida) y yo es que él no tiene que ver con gente que sufre", Derrida considera muy imprudente esta expresión referida a algo de lo que Lacan no podía saber, ni en cuanto al sufrimiento de las personas con las que tenía que ver , ni en cuanto a la transferencia. En otras palabras, que Derrida le negaba así el lugar que Lacan pretendía arrogarse de Sujeto Supuesto Saber.
También aquí Derrida tiene razón: todo el que tiene que ver con la escritura tiene que ver con el sufrimiento, porque la escritura es enfrentamiento con la muerte, y tiene también que ver con la transferencia, en la medida que su lugar es el sostén de múltiples transferencias. Y, sin embargo, también Lacan tiene razón. Porque lo que, a nuestro entender, marca un hiato, una diferencia radical en sus prácticas, es que el psicoanalista debe hacerse cargo del problema de la psicosis.


Si en el campo de la literatura la lectura en abismo abre al infinito la posibilidad de otras lecturas, ¿qué pasa cuando en el sujeto falta ese tapón que pueda poner límite al deslizamiento infinito de los significantes? Tal situación es la experiencia misma de la locura.
Ese papel de tapón para el incesante desplazamiento significante en la locura es cumplido, en la enseñanza de Lacan, por el significante del nombre del padre que debe reemplazar al deseo de la madre en la metáfora paterna . Cuando esta función falla, y se desencadena la psicosis, es a la metáfora delirante a la que corresponde la función de tapar, de frenar el escurrirse de los significantes, y premitir así un proceso de restauración, de estabilización de alguna realidad, por personal que sea.


Esta diferencia, que en Derrida la diseminación es infiníta y en Lacan se repiten los modelos que buscan un punto de estabilización, puede ser rastreada en distintos momentos de la obra de Lacan. Para mencionar algunos: en el Seminario XI 13 Lacan propone el modelo de la nasa, ese artefacto para pescar con una abertura en la que coloca al objeto a, cacho de real que posibilita la pulsación temporal del inconsciente; y cuando más adelante, nos encontramos con la fórmula del fantasma S a, el objeto a viene también a obturar el más allá de la nada y produce así el umbral de lo representable.


Quisiera pues, para terminar, dejar planteada la hipótesis que, la principal diferencia que queda en pie en este campo cultivado por Lacan y Derrida, es la elaboración lacaniana del objeto a, perdida necesaria para que haya sujeto. Por ello el campo de la psicosis es el lugar de las diferencias, y de la diferencia.
La relación de Lacan con Derrida amerita, en su complejidad, un estudio detallado de lo que aquí queda solamente esbozado.


Muchas preguntas permanecen pendientes: ¿es que la deconstrucción y la recurrencia a la diferencia permiten a la filosofía salir del campo de la metafísica? ¿O al igual que Heidegger , de quien Derrida dice que queda dentro del campo de la ontología que pretende superar, él también permanece en la misma disyuntiva?, ¿Será una disyuntiva insoslayable?


En una reciente entrevista periodística14 , Derrida sostiene que la deconstrucción es la experiencia de lo imposible. Si bien son distintas prácticas las que incursionan por el límite de lo imposible, no podemos dejar de tener en cuenta que tanto Lacan como Freud definieron al psicoanálisis como la práctica de lo imposible.
¿Derrida psicoanalista? ¿Un Derrida lacaniano?”


Mayo 1994.







Pies de página:

1 Derrida J.: La differance. op. cit. p. 55.
2 Magris C.: El anillo de Clarisa. Península. Barcelona
3 Braunstein N. hace un cuidadoso seguimiento de éste recorrido en Lingüistería, en El lenguaje y el inconsciente freudiano. Siglo XXI. México 1982. p.161.
3 Braunstein N.: Lingüistería. op. cit. p. 215/16
5 Derrida J.: El cartero de la verdad, en La tarjeta postal. De Freud a Lacan y más allá. Siglo XXI. México, 1986.
6 Derrida J.: Pou l'amour de Lacan. op. cit p. 411.
7 Derrida J¨: Envois, dans La carte postale de Socrate à Freud et au- delá. Flammarion. Oaris, 1980.
8 Este es el punto por donde los movimientos feministas se han servido de los planteos de Derrida. Ello no significa que ubiquemos a Derrida como feminista.
9 Lacan J.: Escritos. Siglo XXI. México, 1984 . p.665.
10 Lacan J. Escritos. op. cit.p. 704
11 Lacan J. : Le seminaire Livre XX Encore.Seuil. Paris, 1975
12 Derrida J.: Pour l'amour de Lacan. op. cit. p. 418
13 Lacan J..: Le seminaire. Livre XI. Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse.Seuil. Paris, 1973, p.131.
14 Mitchel S.: The New York Times Magazine, January 23, 1994.




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“La Carta Robada”, “La Palabra Soplada” 

Y “La Diferencia”











“Pareciera que de algo similar se trató en el coloquio en el que, queriendo mostrar Major las cercanías entre Lacan y Derrida, y queriendo hablar Derrida de su “amor difícil” a Lacan, algunos consideraron que la posesión de la carta estaba en peligro, y trataron de “desviarla”. Esfuerzo inútil, porque las cartas —ya lo señaló Derrida— no siempre tienen destinatario.”




¿Por qué dirá Lacan que el mensaje siempre llega a su destino? ¿Por qué dirá Derrida que no llegará? ¿Quién o qué sería ese destinatario?


Me parece que ese destinatario del que habla Derrida, no es el mismo del que habla Lacan. El origen, si existe, no es como principio de… sino como causa de….


La ausencia y la presencia, no se realizan como tales más que a través del lenguaje, es el lenguaje el que los “realiza”. El destinatario y el emisor, están presentes y ausentes a la vez ya que no es aprehensible ningún presente o ningún ausente más allá del lenguaje. El mensaje siempre llega porque emitirlo es el fin. Lo que percibe el que escucha, siempre será distinto, y el que escucha, tampoco es el mismo yo que habla: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha.” -Lacan-


“…Para Derrida el significante nunca se encuentra con el significado, y por eso nadie puede pretender cerrar la significación en algún punto, por importante que éste sea. De éste modo, el cuento de Poe sigue abierto a la diseminación y no remite a ninguna verdad. …”






Derrida plantea que no hay encuentro entre significado y significante, dentro del texto donde establece la diferencia; el no encuentro de Lacan es que no hay identidad de partida ni de llegada; no es porque no llegue que no llega, sino que “el sujeto se estructura como un lenguaje”, quiere decir que hay sujeto porque hay lenguaje. Que "La instancia de la letra en el inconsciente" (1957) (trabajo del que Lacan se ocupa de aclarar que es "anterior a toda Gramatología"), concede al significado respecto al significante, la misma barrera de impermeabilidad en todas las formas del lenguaje: texto, discurso, sueños, son todos ellos manifestaciones de un psiquismo. Los lapsus y las “imprecisiones del error” son impecablemente realizaciones finalizadas de ese psiquismo. El lenguaje, que es la representación parcial de algo imposible de ser representado en su totalidad, no puede ser completo, es lo que Lacan nombra como que “no se puede decir todo” y eso es una condición. Lacan define a lo Real como "aquello que no cesa de no escribirse" y a lo Simbólico como "aquello que no cesa de escribirse". Lo Real es indecible. Y lo simbólico es la manera de decirse de lo Real.



¿Por qué dice Derrida que el original está siempre desplazado y que por estarlo no hay original? Si no hay lenguaje, no hay sujeto, es ese desplazamiento el que permite que haya sujeto:



“Esta diferencia, que en Derrida la diseminación es infiníta y en Lacan se repiten los modelos que buscan un punto de estabilización, puede ser rastreada en distintos momentos de la obra de Lacan. Para mencionar algunos: en el Seminario XI Lacan propone el modelo de la nasa, ese artefacto para pescar con una abertura en la que coloca al objeto a, cacho de real que posibilita la pulsación temporal del inconsciente; y cuando más adelante, nos encontramos con la fórmula del fantasma S a, el objeto a viene también a obturar el más allá de la nada y produce así el umbral de lo representable.”



No hay una eterna diseminación del sentido ya que no habría sentido si no hubiese puntuación, y eso produce temporalidad.



“La Carta Robada”, “La Palabra Soplada” y “La Diferencia”, son tres posturas que aluden a un algo que no está, que se pierde, que se da diferido y teorizado de tres maneras muy distintas en algunos puntos y no tanto en otros.




“Cuando escribo sólo existe lo que escribo. Aquello que he sentido como diferente, que no he podido decir y que se me ha escapado, son ideas o un verbo robado, y que destruiré para reemplazarlo por otra cosa.”

-Rodez, abril 1946 -


“... Sea cual sea el sentido hacia el que te vuelvas, todavía no has comenzado a pensar.”

-El arte y la muerte-




autoretrato de 1915





En el texto anterior donde Derrida y Lacan parecen no estar de acuerdo respecto a que la escritura y la labor clínica establecieran cierta manera de jerarquía, se dice que ambos, que cualquier escritura, es por sí misma una forma de relación con la muerte.
Blanchot lo define hablando de Antonín Artaud, como el «escándalo de un pensamiento separado de la vida»; las palabras separadas del cuerpo que Artaud quiere hacer brotar de su cuerpo y siente como un robo de todo su cuerpo; una falta que Lacan enuncia como punto de partida pero que adquiere a través del otro su personal manera de apropiarse de lo que Artaud siente como en constante estado de sustracción.



Todos dicen sobre lo mismo, si se trata de adentrarse en el acto de la escritura. Lacan aborda una ciencia que tiene un campo delimitado y de ello consigue su magnitud. Derrida aborda el campo de la lingüística, de los signos y no se queda al margen de ese mismo retorno a Freud de Lacan. Artaud, que en principio podría parecer el más alejado, se lanza con la función poética a resolver sus propios y ajenos asuntos no resueltos.



No hay nada más ajeno ni más propio que las palabras. Todos los discursos, (imágenes, jeroglíficos, fotografía, silencios, las construcciones de los sueños, lo que aparece en el pensamiento en forma de imagen, de palabra o de olor, color), están articulados en el ser humano mediante la misma estructura que les impone desplazamiento y condensación para poder existir, para poder ser representantes de lo humano. En otro texto de Derrida: ENVÍO, éste habla de la traducibilidad, de qué es lo que hay de común en todas las formas de representación en diferentes contextos, en diferentes campos y en distintos idiomas. No podría ser lo diferente ni lo común lo que hiciese posible que el acto de representar, permitiese, no ya la comunicación y mucho menos la identidad del mensaje, sino aquello que le es propio a la poesía y que consiste en el imaginario universal. Siendo, como lo es, lo imaginario algo particular, tiene que ser otra cosa lo que valide la representación, incluso como tantean otros autores además como lo capaz de poner en relación todas esas subjetividades.



“La hipótesis de la lengua muerta me sirve solamente de revelador. Aquélla exhibe una situación en la que un contexto no llega nunca a ser saturable para la determinación o la identificación de un sentido. Ahora bien, a este respecto la llamada lengua viva está estructuralmente en la misma situación. (…) esas dos condiciones me parecen en todo caso tan problemáticas para una lengua viva como para una lengua muerta.” – Jacques Derrida-  




Esa “misma situación” no puede ser otra más que el desplazamiento condición para hablar en todas y cada una de las maneras del lenguaje.


“Sistema de representates” o cadena de significantes: «El sujeto -dice Lacan- es aquello que el significante representa (...) para otro significante». «Posiciones del inconsciente».


Ser hablados, es ser representados en lo que decimos, pero no somos lo que decimos.




Pilar García Puerta, 20 de diciembre de 2010






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viernes, 10 de diciembre de 2010

Entrevista a Jaques Lacan 
por Pablo Caruso (RESUMEN)

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Entrevista a Jaques Lacan 


por Pablo Caruso

(RESUMEN)





Clio, Vermeer van Delft, Jan





De Conversaciones con Lévi-Strauss,

Foucault y Lacan, à Milano, U. Murcia & C, 1969 et à Barcelona,

Ed. Anagrana, 1969 (?).








- Mi «retorno a Freud» significa simplemente que los lectores se preocupen por saber qué es lo que Freud quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad. Y no basta, porque como una buena parte de la educación secundaria y superior consiste en impedir que la gente sepa leer, es necesario todo un proceso educativo que permita aprender a leer de nuevo un texto.



(…)



A este objeto que se pierde lo llamo objeto en minúscula y en la praxis analítica interviene estructuralmente de una manera avasallante, porque un analista no puede dejar de dar una importancia «primaria» a lo que se llama la relación de objeto. Para dar una ilustración a quienes no hubieren oído hablar nunca de esto, podemos referirnos a un «objeto», el seno materno, que todo el mundo conoce, al menos vagamente, por su sentido, por lo que tiene de mórbido la misma utilización de la palabra «seno»; el seno hinchado, turgente, lleno de leche, al constituir un signo fantasmático, se valoriza más o menos eróticamente; y en cambio, por otra parte, esta valorización erótica del seno resulta bastante misteriosa, puesto que no se trata del seno materno sino del seno en sí mismo; y digo que es «misteriosa» porque es un órgano que, después de todo, en su estética es poco aferrable para asumir un valor erótico particular. El análisis ha aclarado todo esto, al referirlo a algunas fases del desarrollo, al valor privilegiado que aquel objeto pudo adquirir para el sujeto en su fase infantil. Pero si nos referimos a otros objetos igualmente conocidos aunque menos agradables, todo el análisis de la estructura, es decir, de las constantes significantes en cuya base se encuentra la función (que es secundaria respecto a la estructura), todas las incidencias múltiples, repetitivas, que determinan que se recurra continuamente a este objeto, demuestran claramente que no se puede explicar en modo alguno su presencia verdaderamente dominante en la estructura subjetiva, atribuyéndole solamente un valor vinculado a la génesis.



(…)



En cierto modo, este objeto esencialmente es un objeto perdido. Y no sólo mi estilo en particular, sino todos los estilos que se lean manifestado en el curso de la historia con la etiqueta de un determinado manierismo – como lo ha teorizado de una manera eminente Góngora, por ejemplo –son una manera de recoger este objeto, en cuanto estructura al sujeto que lo motiva y lo justifica. Naturalmente, en el plano literario, esto exigiría unos desarrollos enormes que nadie ha intentado todavía; pero en el momento en que suministro la fórmula más avanzada de lo que justifica determinado estilo, a la vez declaro su necesidad ante un auditorio particular, el auditorio de los analistas. Esta simple nota basta para destacar que no se trata de eludir una cosa, que en nuestro caso específico es el complejo o sea, en último análisis, una carencia; en todo caso, la elipsis no es el meollo de este estilo sino otra cosa a la que nos introduce el término «manierismo» que he usado antes; en este estilo hay otras cosas –otros modos independientes de la elipsis – y por otra parte, yo no tengo nada de elíptico, aunque no hay estilo que no imponga la elipsis, ya que verdaderamente es imposible describir nada sin elipsis. La pretensión de que «todo quede escrito», si fuera realizable daría lugar a una ininteligibilidad absoluta.



(…)



- Según usted, ¿qué relación hay entre la relación de objeto y las relaciones entre sujetos (o intersubjetivas)?
- Evidentemente, aquel objeto particular que llamo objeto a minúscula no adquiere su incidencia en la intersubjetividad sino a nivel de lo que se puede llamar la «estructura del sujeto», teniendo presente que el término sujeto se articula y precisa por medio de determinados nexos formalizables según los cuales, en su origen el sujeto es efecto del significante.



(…)



En una palabra, la relación de objeto se sitúa, no en el plano intersubjetivo, sino en el de las estructuras subjetivas, que en todo caso serían las que nos conducirían a las cuestiones de la intersubjetividad.




ANTROPOSTMODERNO




He introducido una nueva dimensión en el tiempo lógico, la de la «precipitación identificadora», como cosa que en el fondo se autodetermina y que solamente puede actuarse en cierto modo que llamo del a-tiempo lógico. Mi contribución es muy original y entre los especialistas de lógica hubiera podido provocar un gran interés si éstos no trabajaran a un nivel «no saturado» como el que trabajan, dedicándose únicamente a la constitución de sistemas formales. Pero cuando se reintroduzca la noción de sujeto en cuanto implica la dimensión del sujeto freudiano en su reduplicación profunda y originaria, la división inaugurante que es la del sujeto como tal, solamente podrá ser establecida por la relación entre un significante y otro significante que es consecuencia retroactiva del primero; de hecho, el sujeto propiamente es lo que un significante representa para otro significante. Aquí radica, se inaugura el fundamento propio de la subjetividad, en la medida en que se puede deducir la necesidad de un inconsciente no transponible en cuanto a tal, de un inconsciente que no puede ser vivido de ninguna manera en el plano de la conciencia.



(...)



En términos sencillos, esta estructura, ¿es una verdad más acá del tiempo?


No. No creo que pueda ser interpretado así. Yo también creo que la verdad siempre está encarnada. El ámbito de la verdad y el del saber sólo comienzan a distinguirse cuando en verdad el verbo «se hace carne». La verdad es lo que resiste al saber.

Por lo tanto, para usted la verdad no es una cosa que se sitúe en el tiempo.


No. Sólo puedo concebir un ámbito de la verdad en donde hay una cadena significante. Si falta un lugar en donde pueda manifestarse lo simbólico, nada se puede proponer como verdad. Es lo real, con toda su opacidad y con su carácter de imposible esencial, y sólo cuando entramos en el ámbito de lo simbólico puede abrirse una dimensión de cualquier clase. La verdad difícilmente puede ser calificada de dimensión porque en el fondo, todo lo que decimos es verdad en cuanto lo decimos como verdad; incluso en el caso de que haya cierto matiz de falsedad, no se trata propiamente de falsedad precisamente porque lo decimos como verdad; la verdad no tiene ninguna clase de especifidad.


¿Ni en el plano metodológico? Cuando usted introduce sus tres registros, simbólico, imaginario, real, ¿no cree que corresponden a tres órdenes de la existencia?


Desde luego. Aunque creo que, con toda probabilidad, lo simbólico es perfectamente perceptible y aún está prefigurado en lo real. Sólo parto de aquellos tres registros porque me parece que es indispensable separarlos a nivel de la praxis analítica. Si a nivel de mi praxis analítica no se hacen distinciones entre lo que se refiere a lo simbólico, a lo imaginario y a lo real, inmediatamente se cae en todas las viejas ideas místicas, es decir, que lo simbólico es la naturaleza que se pone a cantar, que ya desde la época de las primeras amebas se esperaba el acontecimiento de que el hombre se convirtiera en pensamiento puro, en una palabra, los mitos que siempre están a punto para reintroducirse en nuestra experiencia analítica para hacerla ceder a la fascinación y a las seducciones de las metafísicas más usadas, que ya no es necesario combatir sino poner entre paréntesis, para analizar correctamente lo que sucede a nivel de nuestra praxis. A nivel de nuestra praxis todo funciona en el orden simbólico, y podemos observar que de las palabras, sobre todo de las palabras dichas en aquellas condiciones, es imposible que surja nada verdadero; por lo cual, si surge algo de verdaderamente eficaz, manejar la palabra probablemente quiere decir agitar un registro importante, que normalmente no se maneja de una manera rigurosa, en una palabra, quiere decir que se hace intervenir todo lo que es más genuinamente originario, en el ámbito del lenguaje. Es cierto que el lenguaje es una cosa ya estructurada; a Sartre le gusta definirlo como lo práctico-inerte, ello forma parte de su filosofía, no veo inconveniente. Pero es extraordinariamente necesario subrayar que las estructuras fundamentales del lenguaje, las que se encuentran a nivel del análisis lingüístico más moderno, por ejemplo, las de la formalización lógica, vienen a ser coordenadas que permiten situar lo que sucede al nivel del inconsciente, es decir, permiten afirmar que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Y no se trata de una analogía, sino que quiero decir que su estructura es exactamente la misma del lenguaje. Por lo demás, esto resulta evidente para quienes se tomen la molestia de abrir una obra de Freud. Cuando realiza un análisis del inconsciente, a cualquier nivel, Freud siempre hace un análisis de tipo lingüístico. Freud había inventado la nueva lingüística antes de que ésta naciese. Usted me preguntaba en qué me distinguía de Freud: en esto, en el hecho de que yo conozco la lingüística. Él no la conocía, y por lo tanto no podía saber que lo que hacía era lingüística, y la única diferencia entre su posición y la mía estriba en el hecho de que yo, abriendo un libro suyo, en seguida puedo decir: esto es lingüística. Puedo decirlo porque la lingüística apareció pocos años después del psicoanálisis. Saussure la comenzó poco después de que Freud, en La interpretación de los sueños, hubiera escrito un verdadero tratado de lingüística. Esta es mi «distancia» de Freud.



(...)



Usted usa con frecuencia términos musicales, como «registro» y dice que el logos se ha de encarnar.



Un momento. Cuando hablamos de verdad a nivel psicoanalítico, no es a propósito del lenguaje sino de la verdad. En psicoanálisis, la verdad es el síntoma. En donde hay un síntoma, hay una verdad que se abre camino.


Pero donde hay síntoma, hay lenguaje.


Absolutamente de acuerdo. Pero por un momento he creído que usted me hablaba de la verdad como si yo me estuviera refiriendo a la Verdad.


No, no. Yo pensaba que lo que usted decía no hace mucho (y que es un tema central en todos sus escritos) de buscar una salida que no sea solamente una empiria, como en el caso de las investigaciones de Melanie Klein, y a la vez que no sea el logos separado de la empiria. Para poner un ejemplo, pensaba en la música, que es sonido y a la vez estructura, vía de salida, y a lo que se refería Kant con la noción de esquema trascendental.


(...)



Yo estoy dispuesto a admitir lo inefable, vivimos en lo inefable. Pero si es inefable, no hablemos de ello. Tomemos como ejemplo el deseo, hay toda una dialéctica del deseo y de la demanda, no importa que no pueda ser articulado a su nivel fenoménico, que es absolutamente vinculante: no hay nada tan insistente como el deseo. Se trata de saber para qué sirve. Yo llego hasta aquí: yo tengo una teoría que explica para qué sirve el deseo. Es una escalerilla que nos permite encaramarnos y superar los límites fijados por el principio del placer. Pero no basta que el deseo no sea inefable por naturaleza, y verdaderamente no es inefable desde el momento que no busca sino su propia teorización: se hacen miles de cosas para sugerir cuál es nuestro deseo, digamos inarticulable en su especifidad para todos: el  hecho de que no sea articulable no implica que no esté articulado sino al contrario, está suspendido en articulaciones que surgen en otra parte, al nivel de la demanda.


(...)



Ya nadie cree que exista, en ningún campo científico, salvo algunos psicoanalistas particularmente retrógrados. Freud, por ejemplo, nunca habló de instintos. Siempre habló de impulsos. Le aconsejo que relea las páginas de Freud dedicadas a los impulsos: verá usted que se trata de una cosa tan poco «natural» como lo pueden ser los «collages» de los surrealistas. Quiero decir que los cuatro elementos que Freud distingue en los impulsos, fuente, empuje, objeto y fin, no pueden ser, más heteróclitos y heterogéneos entre sí. Se comprende ahora cuán grave ha sido traducir el término alemán «Trieb» por «instinto»: «Trieb» nunca ha significado instinto. Y no puede servir de pretexto decir que en lengua francesa no existen otros términos para traducirlo, salvo aquél tan disonante de «pulsión». En inglés han encontrado una cosa mejor, «drive» y en italiano (y en español) «impulso» es mejor que «pulsión». Pero ninguno de estos términos llega a dar el sentido adecuado de «Trieb».









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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Textos inéditos de Lacan en español - Intervenciones en Baltimore - 18 de octubre de 1966

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Textos inéditos de Lacan en español

Intervenciones en Baltimore

18 de octubre de 1966






Intervención de Jacques Lacan sobre la exposición de
L. Goldmann "Estructura: Realidad humana y Concepto Metodológico"
18 de octubre de 1966





(FRAGMENTO)





"De todos modos eso me ha dado la oportunidad de puntualizar la diferencia entre sujeto y subjetividad. Habría sido seguramente el sujeto si eso hubiese sido solamente una cuestión de esta falta. Yo soy la subjetividad, en tanto y en cuanto, innegablemente, he manifestado una cierta impaciencia en todo este asunto.
Por el otro lado, eso que me parece ser el sujeto es realmente algo que no es ni intra ni extra ni intersubjetiva. El sujeto de este asunto me parece (y no lo tomen a mal; lo digo sin la menor intención despreciativa, pero plenamente consciente del peso de lo que voy a proponer):


(...)


¿Cuál es la naturaleza de este sujeto que está basado sobre ese primer principio, y que, por el contrario imposibilita obtener la ayuda?. Tal es, entonces mi pregunta, y creo, habiendo relatado mi historia, que es aquí, al nivel de este intervalo -que no encaja en la intra ni extra ni intersubjetividad- que la pregunta del sujeto debe ser situada."








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jueves, 2 de diciembre de 2010

martes, 23 de noviembre de 2010

Brassaï (1899-1984) Répétition du "Désir attrapé par la queue" chez Picasso

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Brassaï (1899-1984)

Répétition du
 
"Désir attrapé par la queue" 

chez Picasso







Debout, de gauche à droite : Jacques Lacan, Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Louise Leiris (Les Deux Toutous), Zanie Aubier (La Tarte), Picasso, Valentine Hugo, Simone de Beauvoir (La Cousine). Assis : Sartre (Le Bout rond), Albert Camus (metteur en scène), Michel Leiris (Le Gros Pied), Jean Aubier (Les Rideaux) et Kazbek, le berger afghan de Picasso. Ne se trouvent pas sur cette photo : Dora Maar (L'Angoisse Maigre), Germaine Hugnet (L'Angoisse Grasse), Raymond Queneau (L'Oignon) et Jacques Bost (Le Silence)






Brassaï (1899-1984) Répétition du Désir attrapé par la queue chez Picasso 16 juin 1944. Photographie, épreuve aux sels d'argent. 23 x 18 cm BNF, Estampes et Photographie Cette photographie a été prise le 16 juin 1944 dans l'atelier de Picasso, 7, rue des Grands-Augustins, à Paris, où, pour les remercier et les faire photographier par Brassaï, l'artiste avait invité tous les participants à la première lecture du Désir attrapé par la queue, la farce théâtrale qu'il avait écrite du 14 au 17 janvier 1941. Cette lecture avait eu lieu le 19 mars dans l'appartement de Zette et Michel Leiris avec la participation de l'intelligentsia parisienne. Debout, de gauche à droite : Jacques Lacan, Cécile Eluard, Pierre Reverdy, Louise Leiris (Les Deux Toutous), Zanie Aubier (La Tarte), Picasso, Valentine Hugo, Simone de Beauvoir (La Cousine). Assis : Sartre (Le Bout rond), Albert Camus (metteur en scène), Michel Leiris (Le Gros Pied), Jean Aubier (Les Rideaux) et Kazbek, le berger afghan de Picasso. Ne se trouvent pas sur cette photo : Dora Maar (L'Angoisse Maigre), Germaine Hugnet (L'Angoisse Grasse), Raymond Queneau (L'Oignon) et Jacques Bost (Le Silence). Né en 1899, Brassaï, le photographe d'origine hongroise, avait rencontré en 1932 Picasso, qui lui avait demandé de photographier ses sculptures en Normandie et dans l'atelier de la rue de La Boétie. Il devait lui demander un nouveau travail dans l'atelier de la rue des Grands-Augustins de 1943 à 1946. Brassaï a réalisé un grand nombre de photos de "Picasso à l'atelier", notamment en 1939, pour le magazine Life.









Le 19 mars 1944, Louise et Michel Leiris invitent à leur domicile parisien (au 4e étage du 53 bis, quai des Grands-Augustins) leurs amis intellectuels et artistes. Rassemblés là pour une lecture publique d’une pièce de théâtre écrite par Pablo Picasso : Le Désir attrapé par la queue.



Écrite en janvier 1941 (en quatre jours, dit-on), cette farce ubuesque (dans la lignée des Mamelles de Tirésias d'Apollinaire) met en scène les amours de Gros Pied et de La Tarte. L’action se déroule sous la table du Sordid’s Hôtel. Avec, en toile de fond, l’atmosphère sinistre et délétère de l’Occupation. Une manière indirecte, pour Picasso et ses amis, de lutter, par l’humour et la dérision, contre les sévices et privations imposés à la France par l’Occupant allemand et le régime de Vichy.



Responsable de la mise en scène, Albert Camus, animateur de cette lecture. Parmi les interprètes : Zanie Aubier (nom d'état-civil de l’actrice Zanie Campan, dans le rôle de La Tarte) et Jean Aubier, Louise Leiris et Michel Leiris (Gros Pied), Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Dora Maar, Germaine Hugnet, Raymond Queneau, Jacques-Laurent Bost. Dans l’assistance : Jean-Louis Barrault, Georges Bataille, Sylvia Bataille, Georges Braque, Maria Casarès, Valentine Hugo, Jacques Lacan, Georges Limbour, Henri Michaux, Mouloudji, Lucienne et Armand Salacrou, et Pierre Reverdy.



Pendant la lecture de la pièce, Picasso a placé sur la cheminée le portrait de Max Jacob. En hommage au poète, mort au camp de Drancy le 5 mars 1944.



Le 16 juin 1944, Pablo Picasso réunit la plupart de ses amis pour les remercier. Dans son propre atelier, cette fois, 7, rue des Grands-Augustins, là où Picasso a peint Guernica. L’événement a été immortalisé par plusieurs photographies de Brassaï.



La pièce sera notamment rejouée en mars 1952 à New York par le Living Theater, en 1967 à Saint-Tropez par Jean-Jacques Lebel, et reprise en 1988 pour la télévision par Jean-Christophe Averty.




Foto de Brassai. Jacques Lacan (1), Cecile Eluard (2), Pierre Reverdy (3), Louise Leiris (4), Pablo Picasso (5), Zanie Campan (6), Valentine Hugo (7), Simone de Beauvoir (8), Jean-Paul Sartre (9), Albert Camus (10), Michel Leiris (11), Jean Abier (12) e Brassai (13).






No dia 06 de junho de 1944, durante uma reunião para a primeira leitura da peça “O Desejo Pego Pelo Rabo” (“Désir attrapé par la queue”), escrita em 1941 por Picasso, estavam presentes várias personalidades do mundo da cultura. O célebre fotógrafo Gyula Halasz (Brassai) estava registrando o acontecimento. Entre as dezenas de fotos feitas por Brassai naquela noite, uma ficou para a história, aquela em que o fotógrafo húngaro ligou o automático e foi se juntar aos demais. Na foto aparecem Jacques Lacan, Cecile Eluard, Pierre Reverdy, Louise Leiris, Pablo Picasso, Zanie Campan, Valentine Hugo, Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Albert Camus, Michel Leiris, Jean Abier e Brassai. Naquela noite, Brassai viu tudo, fotografou o que pode, revelou o jeito como se juntavam, se entendiam e se entregavam ao surreal com boa bebida, boa comida e com boas risadas até as primeiras horas da manhã, como narra Elisabeth Roudinesco, a autora de “Jacques Lacan – Esboço de Uma Vida”.












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sábado, 13 de noviembre de 2010

MIGUEL OSCAR MENASSA A OURENSE, INVITADO POR EL CÍRCULO POÉTICO ORENSANO 14/

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MIGUEL OSCAR MENASSA


A OURENSE, INVITADO 

POR EL CÍRCULO POÉTICO 

ORENSANO 14/ 











"Si quereis saber algo de la mujer, preguntárselo a un poeta..."















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FRAGMENTO de EL POETA Y LOS SUEÑOS DIURNOS (1907 - 1908) - Sigmund Freud

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"La contraposición de la realidad al juego nos descubre todavía otra circunstancia muy significativa. Cuando el niño se ha hecho adulto y ha dejado de jugar; cuando se ha esforzado psíquicamente, a través de decenios enteros, en aprehender, con toda la gravedad exigida, las realidades de la vida, puede llegar un día a una disposición anímica que suprima de nuevo la antítesis entre el juego y la realidad. El adulto puede evocar con cuánta gravedad se entregaba a sus juegos infantiles, y comparando ahora sus ocupaciones pretensamente serias con aquellos juegos pueriles, rechazar el agobio demasiado intenso de la vida y conquistar el intenso placer del humor. Así, pues, el individuo en crecimiento cesa de jugar; renuncia aparentemente al placer que extraía del juego. Pero quienes conocen la vida anímica del hombre saben muy bien que nada le es tan difícil como la renuncia a un placer que ha saboreado una vez. En realidad, no podemos renunciar a nada, no hacemos más que cambiar unas cosas por otras; lo que parece ser una renuncia es, en realidad, una sustitución o una subrogación. Así también, cuando el hombre que deja de ser niño cesa de jugar, no hace más que prescindir de todo apoyo en objetos reales, y en lugar de jugar, fantasea. Hace castillos en el aire; crea aquello que denominamos ensueños o sueños diurnos.





No debe olvidarse que la acentuación, quizá desconcertante, de los recuerdos infantiles en la obra del poeta se deriva en último término de la hipótesis de que la poesía, como el sueño diurno, es la continuación y el sustitutivo de los juegos infantiles.





Indicaremos, por lo menos, cuál es el camino que conduce desde nuestros estudios sobre las fantasías a los problemas de los efectos poéticos. Dijimos antes que el soñador oculta cuidadosamente a los demás sus fantasías porque tiene motivos para avergonzarse de ellas. Añadiremos ahora que aunque nos las comunicase no nos produciría con tal revelación placer ninguno. Tales fantasías, cuando llegan a nuestro conocimiento, nos parecen repelentes, al menos nos dejan completamente fríos. En cambio, cuando el poeta nos hace presenciar sus juegos o nos cuenta aquello que nos inclinamos a explicar como sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer, que afluye seguramente de numerosas fuentes. Cómo lo consigue el poeta es su más íntimo secreto; en la técnica de la superación de aquella repugnancia, relacionada indudablemente con las barreras que se alzan entre cada yo y las demás, está la verdadera ars poetica. Dos órdenes de medios de esta técnica se nos revelan fácilmente. El poeta mitiga el carácter egoísta del sueño diurno por medio de modificaciones y ocultaciones y nos soborna con el placer puramente formal, o sea estético, que nos ofrece la exposición de sus fantasías. A tal placer, que nos es ofrecido para facilitar con él la génesis de un placer mayor, procedente de fuentes psíquicas más hondas, lo designamos con los nombres de prima de atracción o placer preliminar. A mi juicio, todo el placer estético que el poeta nos procura entraña este carácter del placer preliminar, y el verdadero goce de la obra poética procede de la descarga de tensiones dadas en nuestra alma."






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viernes, 12 de noviembre de 2010

FRAGMENTO de ENTREVISTA A JACQUES LACAN DE P. DAIX (1966)

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(...) 



"El Trieb, yo diría, cum grano salis: la deriva, es un verdadero montaje donde lo que es de fuente “orgánica” sólo aparece retomado, incorporado, en una estructura. Es el punto eminente que hay que poner de relieve en relación con este término.

Es aquí, más que nunca, donde la susodicha estructura exige una topología precisa en la cual puedan distinguirse y articularse la demanda y el deseo más allá de la necesidad.



(...)



Cuando se lee, escrito por la pluma de un hombre como Gide, que estaba lo suficientemente advertido de estos problemas, que Freud es un imbécil de genio, uno se ve obligado a decir que Gide sólo conoció de Freud a intérpretes que eran, ellos sí, imbéciles, pero sin genio. Ahora, las Letras saben a qué atenerse. Y este es quizás todo el sentido –en todo caso el sentido más seguro– en que adquiere sus derechos el uso de la palabra estructuralismo.



(...)





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jueves, 4 de noviembre de 2010

EL PASO AL ACTO EN LA PSICOSIS Intersticio psicoanalítico en el campo del derecho A propósito de Aimée, un caso histórico ...DOS...

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EL PASO AL ACTO EN LA 

PSICOSIS


EL CASO AIMÉE  





ACERCA DE LA PARANOIA


DE AUTOPUNICIÓN Y LA FUNCIÓN DEL PASO


un caso histórico



Andrea Padilla Villarraga



RESUMEN


II









La manera como LACAN entra en los debates clínicos, terapéuticos y judiciales más intensos de su tiempo, es presentando las tesis psicoanalíticas como tesis de doctrina. La monografía del caso Aimée (Marguerite Pantaine), a quien LACAN entrevistó desde su llegada al hospital de Sainte Anne, aborda los nexos entre el delirio y el pasaje al acto, en un acalorado debate que de entrada concierne a la instancia jurídica. En De nos antécédents, texto de 1966, LACAN evoca su trabajo monográfico a partir de lo que llama un buen interrogatorio y una buena investigación de la psicosis —dejar hablar el mayor tiempo posible al enfermo— como un


“enfoque de la maquinaria del pasaje al acto; utilizando la percha que le tendía la criminología berlinesa". *


Abriendo la puerta de la infancia y de la estructura familiar para el discernimiento psicopatológico del caso, el psicoanálisis cubre un déficit de saber del lado de la psiquiatría, la cual actualmente se debate entre los manuales de diagnóstico estadísticos, los medicamentos y la añoranza por los clásicos y sus minuciosas descripciones y clasificaciones nosográficas. Es en esta vía como el tema de la autopunición se inscribe en el contexto de la psiquiatría francesa y alemana, a partir del comentario crítico de las teorías de la época y la observación clínica más rigurosa del caso Aimée, que conducen a LACAN
a definir, al interior del grupo de la paranoia, un nuevo tipo clínico: la paranoia de autopunición, que desde entonces hace presencia, sin saberlo, en la interfase jurídica, convocando toda suerte de argumentos para intentar comprender lo que muy a menudo parece inexplicable. El problema surge cuando allí se toman decisiones; por lo demás, no es sino mera elucubración.



No pretendo retomar en detalle el caso, tal como LACAN invita a hacerlo para leerlo a partir del sostén conceptual que desarrollará en su enseñanza; lo cual supondría, sino unas puntualizaciones a propósito del texto original, si al menos un extenso trabajo de investigación. Omitiré entonces la correlación de sus datos biográficos, necesarios para dar cuenta de la etiología de la enfermedad y del momento del desencadenamiento.


Sin perder de vista que mis lectores principales serán quienes ejercen desde el derecho, me limitaré a esbozar el tema del delirio con relación al pasaje al acto, justamente allí donde la instancia jurídica se ve convocada a fin de tomar decisiones sobre el devenir de un sujeto, que con la trasgresión, ha producido como efecto no sólo su existencia, sino una estabilización que por la acción proferida desde la ley, se realiza en un segundo tiempo, es decir, en el après–coup del pasaje al acto.




El caso Aimée. Tras una serie de vivencias y sucesivos encuentros con personas que en su vida van tomando significación (valga precisar que para el paranoico todo se vuelve signo, adquiriendo el estatuto de mensaje), presa de ideales y acontecimientos, Aimée inicia una serie de fenómenos clínicos que permiten suponer una actividad delirante silenciosa. En 1921, momento coyuntural por el embarazo, cuatro años más tarde luego de su matrimonio, tienen inicio los desordenes psicopatológicos: en su delirio, sus colegas


“critican sus acciones de manera descortés, calumnian su conducta y le anuncian desgracias". **


Enfrentada a tanta hostilidad, una significación se le impone: “ellos quieren la muerte de su hijo". Las pesadillas invaden sus noches, poniendo en escena la muerte del mismo; pesadillas que al despertar se combinan con la certidumbre de que efectivamente el acto ha acaecido. Tiene inicio una serie de pequeños pasajes al acto con colegas y aquellos que se hallan entrampados en la serie de quienes representan una amenaza para su hijo, revelándose como formando parte de la persecución.


Un infortunio hace que, en la realidad, Aimée traiga al mundo un hijo muerto; fatal golpe que a la vez que acompaña el franqueamiento de la maternidad, hace eco de manera particular en las premisas de su venida al mundo, escandida por la muerte de un hijo. La amenaza de muerte sobre el niño, es correlativa a la única significación identificatoria que ella puede asignar a un hijo (hijo – muerte); de modo tal que el suceso verifica en la realidad la certeza delirante. Un año más tarde, nuevamente en embarazo, cuyo post partum está marcado por una acentuación progresiva de interpretaciones delirantes convergentes en la significación “todos amenazan a mi hijo", quiere llevar el asunto a la justicia.



Tras la negativa por tramitar sus quejas en esta vía, se inicia el llamado al mundo literario; no obstante, pronto se da una internación en la clínica de Epinay que verifica la certeza: Aimée se ve abocada a separarse de su hijo. Al salir de la clínica por pedido de su familia, solicita su traslado administrativo a París, donde se encierra en una particular forma de vida. De una parte el universo cotidiano de su trabajo como empleada de correos, y de otra sus estudios, implican una particular lógica de apuntalamiento por la cual el delirio se organiza y se despliega. Desde el primer año de su estadía, algunos personajes van cobrando mayor relevancia; dos de ellos se tornan centrales: una actriz y un escritor, cuyo rol perseguidor no se desmentirá, para ella, hasta el pasaje al acto en 1931.



Nuevamente toma peso aquella significación única, impuesta desde el primer
momento en que surgen las manifestaciones: la amenaza de muerte que pesa sobre su hijo. Aimée enuncia la potencialidad criminal atravesada por su delirio materno:



“si le ocurre una desgracia, eso será más tarde por culpa mía. Yo sería una madre criminal".***


Elabora numerosos escritos que busca publicar de cualquier manera a fin dedenunciar que:
“todos los artistas, poetas, periodistas (gente de letras) son odiados colectivamente y considerados responsables de la desgracia de la sociedad". ****


De modo tal que el Otro real (persecutorio), queda identificado al significante gente de letras.
El porvenir del delirio se orienta en una temática de redención: Aimée manifiesta


“la crueldad de las grandes personas, la despreocupación de las madres frívolas",



se siente llamada a realizar el régimen del bien, “la fraternidad entre los pueblos y las razas" (punto de certeza). Tal es el rumbo que toma su discurso delirante, marcado por la certeza de que en todo esto ella cumple una misión intransferible.


Aimée es entonces una mujer de letras, novelista, arraigada a la nueva certeza identificatoria de su ser; la asunción de la identificación delirante de ser novelista, está inscrita desde el comienzo del delirio. No obstante, al no ser reconocida como tal en el medio literario, se precipitará la final ocurrencia del pasaje al acto.


“El esfuerzo de la construcción significante se revela caduco para cifrar el goce del Otro. Sólo le quedará el recurso del pasaje al acto para barrarlo". ******


Su gusto por el escrito, dice LACAN, “ese goce casi sensible que le dan las palabras de su lengua, ese carácter de necesariedad personal que reviste en ella la obra literaria, son aprehendidos como el testimonio de las virtualidades, de las creaciones que la psicosis produce". *******


Aimée está enamorada de las palabras, tal y como ella lo afirma. La temporalidad del pasaje al acto, por el modo como se revela en la tesis, muestra su inscripción temporal bajo el modo de la urgencia, la cual empieza a perfilarse con la idea de que “hay que hacer alguna cosa": la compra de un cuchillo en el mes que precede la agresión, la búsqueda de la dirección de la actriz implicada, etc. La precipitación del acto muestra a un sujeto desconectado de sus pensamientos. Aimée ataca a HUGUETTE DUFLOS el 10 de abril de 1931 en la entrada de un teatro parisino donde esa noche haría su presentación, afirmando más tarde que en ese momento


“habría podido golpear a cualquiera de sus perseguidores de haber podido hacerlo o de haberlos encontrado por azar". ********


Aimée se niega a explicar su acto si no es ante un comisario de policía (un llamado al otro de la ley), a quien le explica que varios años atrás, la actriz hacía escándalos contra ella con insolencia y amenaza, no habiendo podido antes pedirle una explicación, hasta llegar a atacarla al verla huir. Tales son los hechos clínicos que comprometen a LACAN en el estudio de la maquinaria del pasaje al acto en la psicosis, convocado por la instancia jurídica que allí no sabe cómo operar.


Tras la agresión, sostiene sus certezas delirantes ante quienes la interrogan. Al quinceavo día escribe al médico experto para solicitarle la rectificación de los juicios de los periodistas que la conciernen, ya que según ella, tratarle de “neurasténica" puede perjudicar su carrera futura de “mujer de letras y de ciencia". Aimée es internada un mes más tarde, a causa del informe del experticio médico legal.


En su escucha, LACAN constata que los temas del delirio y los reproches con relación a su víctima se hallan completamente reducidos. No obstante señala la certeza y permanencia del axioma “quieren matar a mi hijo", pone el énfasis sobre una evidente y llamativa estabilización de la locura, la cual se mantiene mientras dura la observación. Esta curación representa para el sujeto, dice allí,


“la liberación de una concepción de sí misma y del mundo cuya ilusión sostenían pulsiones desconocidas y esta liberación se lleva a cabo como un choque con la realidad"; *********


un choque comprendido como el encuentro con la consecuencia de su acto. Por el golpe que la vuelve culpable ante la ley, Aimée se ataca a sí misma. El pasaje al acto constituye aquí un esfuerzo por obtener una diferencia significante, un empuje por detener y vaciar, en lo posible, al Otro que vocifera hasta la mortificación. Es la discontinuidad que constituye el pasaje al acto en el curso delirante y en la vida misma de Aimée, la piedra angular a partir de la cual LACAN elabora su tesis de la autopunición.


Tras el pasaje al acto, la vida de Aimée continuó sin particular desbordamiento, valga decir estabilizada. Alentada por la expectativa de un futuro, esperó su salida para llevar a cabo sus planes literarios. La publicación de la tesis de LACAN en 1933, la hace “célebre" de un día para otro. Aimée se ha hecho un nombre con un nombre de pila que ha favorecido su estabilización, como una “mujer de letras".





V. A MANERA DE COLOFÓN



Un saber sobre la psicosis y la lógica que perfila su estructura, aquí se esboza sobre dos temas centrales de la experiencia, cuando la locura, al salir del ámbito de lo privado, entra a hacer parte de la esfera pública. De una parte, el pasaje al acto y sus efectos estabilizadores sobre un sujeto, en la medida en que hay un cese del delirio alucinatorio; de otra, la convocatoria al orden jurídico cuya ley (positiva) es llamada a pronunciarse en primer orden; allí donde inicia la acción policial en cuya propiedad debe rehusar entrar el psicoanálisis y otros saberes, a fin de mantener cada uno sus funciones.





PIES DE PÁGINA:





* J. LACAN,   “De nos antécédents", en Écrits, París, Seuil, 1966.

** J. A LLOUCH, “Historique du cas Aimée", en Litoral nº 27/28, Erès, 1989.

*** J. LACAN, De la psychose paranoïaque dans ses rapports avec la personnalité. París, Seuil, 1975.

**** OP. CIT.

*****P. CIT.

******LAURENT, D., “El porvenir de Aimée", Colofón nº 20, boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano, París, noviembre 2002.

*******J. LACAN, OP. CIT.

********OP. CIT.

*********OP. CIT.







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EL PASO AL ACTO EN LA PSICOSIS Intersticio psicoanalítico en el campo del derecho - A propósito de Aimée, un caso histórico- ...UNO...

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EL PASO AL ACTO EN LA 

PSICOSIS

Intersticio psicoanalítico 

en el campo del derecho

A propósito de Aimée, 

un caso histórico


Andrea Padilla Villarraga





RESUMEN



I







Hay que saber, entre otras cosas, qué se juega en la intuición delirante, por qué para los psicóticos todo se ha vuelto signo, cuál es su relación al cuerpo y a los otros así como al lenguaje, saber que allí no hay historia sino precipitación (desencadenamiento); pero sobre todo, saber qué se juega en la noción de estructura y fenómeno elemental. Es decir, por qué no es posible “deducir lógicamente” una psicosis de lo que a primera mano se nos presenta en el orden de lo incomprensible, sino solamente a partir de Los divinos detalles * clínicos que son los que autorizan el esbozo de un diagnóstico. No se vuelve loco quien quiere, decía LACAN, así que sin duda es necesaria una condición… de estructura.


Aproximarse a la lógica de la psicosis y las modalidades del acto, implica un profundo saber, es verdad, pero ante todo, seguir al pie de la letra la recomendación freudiana de ponerse ante cada sujeto como si se tratase del primero o la docta ignorancia lacaniana. 


“Si quién habla es la pregunta que domina toda la cuestión de la psicosis comiencen por establecer que no comprenden; partan, dice LACAN, “de la idea del malentendido fundamental". “


(…) el paso al acto en un anudamiento estructural; aquel que define, del sujeto un lugar y una función respecto al Otro (término psicoanalítico que hace referencia al campo social y del lenguaje) y que establece el pasaje al acto como una operación real y efectiva sobre el sufrimiento, una tentativa orientada a enmudecer el padecimiento, en exceso real.


“El trabajo en la psicosis", referido a la manera en que el sujeto psicótico tramita, en lo real, aquello que lo abruma en el orden de la alucinación, es la lógica que permite ubicar el pasaje al acto como una de las vías en que el sujeto resuelve, de manera certera, aquello que encarna para él la angustia; es decir, como un empuje del sujeto a poner límites y apaciguar eso que se presenta en demasía mortificante. Siguiendo la lógica del acto, tras el cual el sujeto adviene modificado, habrá que ubicar lo que ocurre, en cada caso, en un segundo tiempo; razón por la cual dirijo mi interés, en estas notas, al tema de la estabilización en la psicosis, como efecto posible que adviene cuando el pasaje al acto no se juega en “la muerte del sujeto". Intentaré entonces teorizar un poco para aproximarme al título de mi texto.



Si bien entendemos, por la enseñanza de LACAN, que es el campo de lo social y del lenguaje (el Otro) donde el sujeto se constituye, hay que decir que en la psicosis éste toma un lugar verdaderamente notable; pues a diferencia de lo que ocurre en el campo de las neurosis (del que los llamados normales hacemos parte) donde el Otro se presenta con una falla que introduce la posibilidad de que advengamos como sujetos deseantes; en la psicosis el Otro existe de manera real, en su completud, adquiriendo para el sujeto un carácter pesado, persecutorio y demandante (por experiencia clínica, sabemos que en la psicosis priman los mandatos). Es en este sentido que en el pasaje al acto el sujeto introduce un “déficit" sobre el Otro teniendo como finalidad lo definitivo, y que 


“en el corazón de todo acto, cuyo paradigma es el paso al acto, hay un ¡no! proferido hacia el Otro"**

un no que apunta, por esta vía radical, a salir de la alienación y la angustia generada por la existencia certera de las voces tormentosas. Es la razón por la que decimos que en la psicosis el Otro permanece allí, en tanto real, cargado de un goce mortífero (término psicoanalítico que hace referencia a esa paradójica satisfacción que se obtiene de lo que resulta mortificante y que no obstante empuja a la repetición).

Cuando LACAN aborda el tema del pasaje al acto, lo hace fundamentalmente
sobre la vertiente de la angustia, estableciendo que ella no es sin objeto, que es lo que no engaña y que,
“sin ese tiempo introductorio de la angustia, pronto elidido, nada podría obtener siquiera el valor de lo que se determinará como trágico o como cómico". ***


No es pronto entonces para decir, que si bien en el terreno de las neurosis la angustia está ligada al deseo del Otro, en el sentido de no saber qué lugar se tiene allí, qué espacio se ocupa en su deseo (en últimas, el juego que jugamos a lo largo de nuestra existencia por lograr un lugar en el deseo del Otro —social— y saber qué requiere para su complacencia); en la psicosis, por el contrario, la angustia yace ligada a su completud. Completud de ese Otro del lenguaje, que al no dejar lugar a la falta y con ella a la pregunta por quién soy allí; introduce, en cambio, la certeza del “yo soy eso" en la dimensión del designio y el horror.


¿Cuál es entonces el efecto que tiene en el sujeto la aparición de este padecimiento ruinoso al servicio de la mortificación. Padecimiento “que desborda todo juicio de existencia, reapareciendo en lo real fuera de todo sentido", ¿tal como afirma LACAN. Una angustia profunda. Angustia que empuja al sujeto al límite, a buscar un punto de detención mediante un acto definitivo por el cual salir de la escena, para encarnar al máximo su punto de certeza respecto al Otro, respecto a la existencia de aquello que lo abruma hasta la agonía. Empuje que en todo caso no opera por la vía de la suplencia —valga decir de la metáfora delirante o de otros caminos como la escritura o el arte— la cual constituye un intento particular de tramitar lo real por la vía de lo simbólico, estableciendo un nuevo lazo con el Otro.


Lo interesante y verdaderamente significativo de esta lógica, radica en que con esta operación o tentativa de desenlace que constituye el pasaje al acto, el sujeto renuncia a la condición de “mártir del inconsciente" —término que LACAN expuso para designar aquello que se impone al sujeto para su tormento y perplejidad—; lo cual permite sostener, si bien no un trabajo organizado con miras a una cierta estructuración por la vía de lo simbólico, tal como sería en la suplencia, sí una tentativa de resolución definitiva.



Es así como el paso al acto puede inscribirse en la serie que queda delado de lo resolutivo y no de lo patológico, viendo en él el intento por fijar un goce****: aquello que he planteado a lo largo de mi texto como lo abrumador y mortificante para un sujeto psicótico, cuya posición es de certeza, a saber: “eso (alucinación) es real y me concierne. Valga traer a este respecto la mención que hace ERIC LAURENT, psicoanalista francés, sobre la definición que da LACAN del acto en la psicosis, como “el momento en que el sujeto se unifica", ubicando allí el acto de Aimée ***** —uno de los casos más paradigmáticos en el estudios de la psicosis—; en tanto que allí se da una separación del Otro persecutorio:


“la separación obtenida por Aimée de esa actriz, se da en el momento de la agresión para que se caiga de una vez por todas ese Otro que vocifera". ******


De otro modo, a que corresponde la dimensión del amor de ALTHUSSER *******


Por HÉLÈNE, realizada en acto, sino a la función que en su autobiografía le otorga al asesinato como
¿“acto de salvación, sentimiento de oblación intensa, comunicación patética en el sacrificio". ********


Al respecto, es claro el planteamiento que sobre el acto hace LACAN en 1946,
como aquello que puede sostener y amparar el lugar de punto de detención. Siguiendo con Aimée, haciendo equivaler su acto a un punto de detenimiento en la psicosis que produce una estabilización; acto que en palabras de ERIC LAURENT, establece


“una oposición entre lo que es por un lado la infinitización del sujeto, la dispersión en el infinito de su delirio y la reunión del sujeto en el acto". *********


En efecto, ¿de qué da cuenta la alucinación sino del punto en el cual el sujeto se eternizó. Es a este respecto que JACQUES ALAIN MILLER diferencia la vertiente del inconsciente que introduce la indeterminación (neurosis), de la vertiente del acto que por el contrario introduce la certeza. Duda que implica un regodeo en el pensamiento, a diferencia del acto que allí colapsa en el “no pienso", quebrando el ideal de la acción calculada. Con ello nos recuerda LACAN, en la dimensión clínica del acto, su inevitable inscripción temporal bajo la forma de la urgencia, rompiendo así la idea de un cierto recorrido temporal, a la vez que la del acto como resto de una operación estructurada del pensamiento (simbolización); ya que actuar, dice LACAN, es arrancar a la angustia su certeza.


Por ello, el tiempo del pasaje al acto es el tiempo de la certeza, tiempo del instante que se precipita en la salida de lo real-insoportable (la alucinación), al encuentro con lo real-pacificador (el acto). Bien podría decir que en el pasaje al acto el sujeto psicótico está tomado por la coyuntura, sin pasado e indiferente al futuro, tomado por el intervalo de la precipitación que ponga fin a la eternización alucinatoria.
Finalmente, quisiera puntuar en el hecho de que la estabilización sólo es posible de ubicar en lo que hace al acto mismo, es decir, en


“la incidencia del acto, no tanto en la determinación como en las mutaciones del sujeto";
por lo cual, de lo que se trata, es de saber en cada caso cuál es el efecto de un paso al acto para un sujeto: para Aimée, es el castigo inmediato proferido por el otro del derecho como consecuencia de su acto, tras el que adviene una estabilización que dura toda su vida y que LACAN elevó, al nivel de la cura.







 PIES DE PÁGINA:



* Título del seminario dictado por JACQUES ALAIN MILLER en 1989, en la Universidad de París VIII, Francia.

** MILLER, J.A., JACQUES LACAN: anotaciones sobre su concepto de paso al acto, El Hilo de Ariadna, nº 9, Revista de la  ACFC, noviembre de 1997.

*** LACAN, J., Seminario 10, La angustia (1962-1963), clase 6 del 19 de diciembre de 1962, Buenos Aires, Paidós, 1962.

****Al respecto, resulta interesante la referencia que hace LACAN en “Acerca de la causalidad psíquica" a GIRAUD, psiquiatra mecanicista de la época, con relación a su tesis sobre el homicidio inmotivado, reconociéndole la fortuna de haber vislumbrado que “lo que el alienado trata de alcanzar en el objeto al que golpea no es otra cosa que el kakon de su propio ser". (Kakon es un término griego que significa el mal). Esta intersección entre LACAN y GIRAUD podría plasmarse en la conceptualización de que el acto responde al kakon como el intento de liberación de un goce que amenaza al sujeto. De lo que podría deducirse que el pasaje al acto psicótico, antes que acto inmotivado, sería el intento de poner un límite a un goce.

*****Aimée es el nombre de la paciente con la cual LACAN trabajó durante algún tiempo, cuyo producto es De la psicosis paranoica y sus relaciones con la personalidad, texto que constituyó su trabajo de doctorado en psiquiatría y con el cual indiscutiblemente produjo un giro en el estudio y tratamiento de la psicosis en Francia. LACAN siempre estuvo convocado por el estudio del paso al acto a partir de la paranoia. Prolongará su estudio con un texto dirigido a un extenso público titulado Motivos del crimen paranoico: el crimen de las hermanas Papin.

****** LAURENT, E., “Vigencia de tres exigencias deducidas de las enseñanzas de LACAN acerca de las psicosis", en Estabilizaciones en las psicosis. Los ensayos, Argentina, Manantial. 1989.

*******Filósofo francés de principios del siglo XX, autor de Montesquieu y La política y la historia. La publicación de las autobiografías de LOUIS ALTHUSSER, se escribe en un programa de edición póstuma de textos, en su mayoría inéditos, provenientes del archivo del filósofo y confiados por su familia en 1992 a la Asociación IMEC (Instituto de Memorias de la Edición Contemporánea). Esta obra comprende dos autobiografías redactadas con diez años de intervalo, en el curso de los cuales el destino de LOUIS ALTHUSSER bascula con el asesinato de su mujer.

********Tomado de LAURENT, D., “Las autobiografías de Louis Althusser", Uno por Uno, Revista Mundial de Psicoanálisis, nº 38, Buenos Aires, 1994.

*********LAURENT, E., Op. cit.

**********Seminario 14, La lógica del fantasma (1966–1967), especialmente las clases 10 y 11, del 15 y el 22 de febrero de 1967, Buenos Aires, Paidós, 1967.



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